Cuando era niño en la colonia, vivía en una casa de adobe, con las paredes pintadas a la cal, y paja seca sobre el techo.
Había una cocina a leña antigua, una mesa larga de madera, mi madre amasaba Kreppel y mi padre trabajaba en el campo.
Mi hermana y yo jugábamos en el fondo de un patio inmenso, dónde el abuelo tenía una quinta y la abuela un pequeño gallinero.
También había árboles frutales, un galponcito de chapa, un chiquero con un cerdo, y una letrina, allá lejos.
Nada nos faltaba para comer, tampoco nada nos sobraba, éramos una familia feliz con lo que Dios nos había dado.
Autor: Julio César Melchior
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