Estaba en casi todos los hogares de la colonia y se lo recetaba para cualquier tipo de dolencia, se
lo consideraba sanador y efectivo. Se decía que jamás fallaba. La dosis a ingerir, dependía de la edad del paciente y de la dolencia, ya que podía ir desde una cucharadita de té hasta una cucharada de las que se utilizaba para tomar la sopa.
En ocasiones, dependiendo de la rebeldía de lo que a uno le aquejaba, podía ser aún mayor. Muchas veces también, se remojaba un terrón de azúcar, que tampoco debía faltar en ningún hogar, porque el terrón de azúcar se utilizaba para tomar mate. Esta técnica de remojar un terrón de azúcar con Wunderbalsam se usaba porque, antiguamente, esta pócima era bastante amarga.
Autor: Julio César Melchior
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