El reloj sonó a las cuatro de la mañana. Se levantó, se vistió y despertó a sus hijos, Juan, de 14, Luis, de 12, y María, de 11 años. Los niños abrieron sus ojos, estiraron sus brazos, invadidos por una necesidad inconmensurable de continuar durmiendo. Sabían que era pleno invierno y que ni bien sacaran su cuerpo de las gruesas cobijas, un frío helado les envolvería el cuerpo. A esa hora de la madrugada la cocina a leña todavía se encontraba apagada y aunque estuviera encendida, estaba en la cocina.
Lentamente comenzaron a vestirse, sin embargo. Los tres eran conscientes que no tenían manera de escapar a la rutina diaria: las vacas lecheras debían ser ordeñadas. Había que vender la leche. Del dinero de esa venta dependía el sustento de la familia. Una familia que cayó en desgracia, hace dos meses, cuando su padre murió aplastado por un carro, mientras era reparado sin extremar demasiado las medidas de seguridad. El exceso de confianza generalmente se paga muy caro en el campo.
Una vez vestidos y abrigados con gruesos pulóveres tejidos con lana de oveja hilada en la rueca por la abuela, salieron detrás de la madre rumbo al tambo.
Llovía una lluvia mansa pero persistente. El frío parecía cortar la piel. Los niños tiritaban.
Los cuatro, la madre y sus tres hijos, comenzaron a ordeñar bajo la lluvia, chapoteando en el lodo hecho de barro, excremento y orina que los animales iban dejando tras de si mientras eran ordeñados. El rostro y las manos coloradas por el frío. Entumecidas. La lluvia los empapaba, les nublaba la vista. María, la más pequeña, lloraba en silencio. No se quejaba porque sabía que era inútil. Su madre no se compadecería. No se podía dar el lujo de perder a un trabajador: las vacas tenían que estar ordeñadas y la leche en los tarros, puestos en la tranquera, para las ocho, hora en que pasaba el camión de la fábrica de productos lácteos.
Un relámpago cruzó el cielo. Luego otro. Y otro más. Hasta que un diluvio comenzó a caer. Pero nadie interrumpió su labor. La consigna era trabajar con normalidad, ignorando el clima. La supervivencia de la familia dependía de ello y la madre y los tres hijos lo sabían. Y por eso, también sabían, que no les quedaba elección.
Autor: Julio César Melchior
Este sitio fue creado con el fin de difundir la música del volga y algo más, con esto no fomentamos la piratería ni buscamos ningún fin económico, solamente creamos un sitio para que todas las personas que aman el género puedan disfrutar de un montón de artistas. Haciendo valer el derecho de de libre expresión. APOYA A TUS ARTISTAS COMPRANDO SUS DISCOS ORIGINALES Y ASISTIENDO A SUS BAILES... GRACIAS!!!
domingo, 27 de octubre de 2019
domingo, 20 de octubre de 2019
El Gringo Julio - Para no parar de bailar
Album: Para no parar de bailar.
Bitrate: 320.
Tamaño del archivo: 120.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año:-
Sonido: Excelente.
01- Drud Zawaski.
02- Alta y Delgadita
03- Camarat Er Eg.
04- Teatro Español.
05- Barrilito de cerveza.
06- Tu solo tu.
07- Recordando a nuestro Padre.
08- Buenas noches mi amada
09- Jinetando en Tostado
10- El Paye
11- La Cau
12- Es en vano mi amor.
13- Grito del monte y el rio
14- Viva Boca
15- Copeando.
16- River solo
17- El Pelado Medina.
Descagar
Bitrate: 320.
Tamaño del archivo: 120.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año:-
Sonido: Excelente.
01- Drud Zawaski.
02- Alta y Delgadita
03- Camarat Er Eg.
04- Teatro Español.
05- Barrilito de cerveza.
06- Tu solo tu.
07- Recordando a nuestro Padre.
08- Buenas noches mi amada
09- Jinetando en Tostado
10- El Paye
11- La Cau
12- Es en vano mi amor.
13- Grito del monte y el rio
14- Viva Boca
15- Copeando.
16- River solo
17- El Pelado Medina.
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domingo, 13 de octubre de 2019
Mi mamá, al igual que mi abuela, fue una mujer excepcional, como todas las madres alemanas del Volga
Mi mamá tenía los ojos del mismo color que la abuela, celestes del color del agua del río Volga y el cabello del color de los trigales que estallaban llenos de espigas en los campos, que florecían cerca de su añorada aldea, allá, en la lejana Rusia, donde quedaron para siempre sus padres, cuando, junto con su marido y tres hijos, emigró a la Argentina.
Mi mamá tenía las manos llenas de arrugas, como las manos de mi abuela, de trabajar en la cocina, amasando el pan, trabajar la tierra, en la huerta, y trabajar a la par de su marido, en en el surco.
Mi mamá tenía el rostro curtido como el de mi abuela, por las largas noches de insomnio, velando el sueño de sus hijos y el de su marido, cuando estaban enfermos, curtido por el frío del invierno, el tórrido sol del verano, la lluvia en otoño y el viento en primavera.
Mi mamá tenía el cuerpo anciano y gastado como el de la abuela, con dolores de huesos, vencido no solo por la edad sino por los rudos trabajos y los sufrimientos.
Mi mamá continuó la tradición y la legó a sus hijos. Valores de trabajo, honradez, respeto, servicio al prójimo y entrega a la familia.
Mi mamá, al igual que mi abuela, fue una mujer excepcional, como todas las madres alemanas del Volga.
Por eso, en el "Día de la Madre", a celebrarse próximamente en el mes de octubre, regalemos libros que rescatan y perpetúan su memoria. Libros que llevan los siguientes títulos: "La gastronomía de los alemanes del Volga", "La vida privada de la mujer alemana del Volga ", "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", "La infancia de los alemanes del Volga", " Historia de los alemanes del Volga", que se pueden adquirir por correo, por el sistema de contra reembolso, y personalmente en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires, y en Pueblo Santa María, en el Partido de Coronel Suárez, en la Provincia de Buenos Aires.
Mi mamá tenía las manos llenas de arrugas, como las manos de mi abuela, de trabajar en la cocina, amasando el pan, trabajar la tierra, en la huerta, y trabajar a la par de su marido, en en el surco.
Mi mamá tenía el rostro curtido como el de mi abuela, por las largas noches de insomnio, velando el sueño de sus hijos y el de su marido, cuando estaban enfermos, curtido por el frío del invierno, el tórrido sol del verano, la lluvia en otoño y el viento en primavera.
Mi mamá tenía el cuerpo anciano y gastado como el de la abuela, con dolores de huesos, vencido no solo por la edad sino por los rudos trabajos y los sufrimientos.
Mi mamá continuó la tradición y la legó a sus hijos. Valores de trabajo, honradez, respeto, servicio al prójimo y entrega a la familia.
Mi mamá, al igual que mi abuela, fue una mujer excepcional, como todas las madres alemanas del Volga.
Por eso, en el "Día de la Madre", a celebrarse próximamente en el mes de octubre, regalemos libros que rescatan y perpetúan su memoria. Libros que llevan los siguientes títulos: "La gastronomía de los alemanes del Volga", "La vida privada de la mujer alemana del Volga ", "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga", "La infancia de los alemanes del Volga", " Historia de los alemanes del Volga", que se pueden adquirir por correo, por el sistema de contra reembolso, y personalmente en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires, y en Pueblo Santa María, en el Partido de Coronel Suárez, en la Provincia de Buenos Aires.
domingo, 6 de octubre de 2019
Arturo Reinaldo Sturtz & Marcelo Gaston Sturtz '2017'
Album: Arturo Reinaldo Sturtz & Marcelo Gaston Sturtz .
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 40.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2017
Sonido: Excelente.
01- Ti vira tic
02- Baile en lo Petete
03- Te llevaré conmigo
04- A mi luna y mi lucero
05- Hermoso baile aquel
06- Mein hut hat drei ecke
07- Entre caricias y besos
08- Te creía feliz
09- Mi chatita colorada
10- Te conoci en la playa
11- Tardecita de enero
12- Pa´ Ramón y Manuela
13- Traktor Fest
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Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 40.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2017
Sonido: Excelente.
01- Ti vira tic
02- Baile en lo Petete
03- Te llevaré conmigo
04- A mi luna y mi lucero
05- Hermoso baile aquel
06- Mein hut hat drei ecke
07- Entre caricias y besos
08- Te creía feliz
09- Mi chatita colorada
10- Te conoci en la playa
11- Tardecita de enero
12- Pa´ Ramón y Manuela
13- Traktor Fest
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domingo, 29 de septiembre de 2019
Impensada travesura por culpa de una pelota de cuero número cinco
Luis era hijo de don Pedro Enrique Streitenberger, el hombre que poseía la casa más grande y más bella de la colonia. Construida en la calle principal, cerca de la iglesia, la vivienda se destacaba no solamente por su grandeza y su belleza, sino también por la calidad y la ornamentación de sus puertas y ventanas y por poseer un baño con inodoro, lavatorio con canillas y una ducha con una tina enorme, en vez de un rústico Nuschnick, levantado a treinta metros de la casa.
Luis tenía diez años y acceso a todos los juguetes que eran posibles comprar en la ciudad, cada vez que don Pedro Enrique Streitenberger viajaba para realizar algún tipo de transacción comercial, como vender el trigo de la cosecha, comercializar los vacunos o comprar algún tipo de herramienta moderna.
Fue así que un día, Luis deslumbró a sus amigos con una pelota de fútbol de cuero, para más datos una número cinco, y un par de botines, también de cuero.
La novedad recorrió la colonia y en segundos una multitud de niños curiosos llenó el baldío donde habitualmente jugaban al fútbol.
Luis se convirtió rápidamente en el niño más popular y en el niño cuya amistad todos deseaban. Pero, en todas las relaciones humanas siempre hay un pero, Luis no quería ser amigo de todos los niños sino de los que él juzgaba merecedores de poder acceder al privilegio de jugar con su balón y acceder a su casa. Algo de lo que muy pocos podían presumir. Ya que en la colonia no todos estaban en su nivel social. Ni siquiera cerca.
Así que esto originó un conflicto entre los niños, que desembocó en varias grescas que se resolvieron a golpes de puño durante los recreos, y en un problema mayúsculo para los otros padres, la mayoría humildes peones de campo, que no encontraban la forma de explicarles a sus hijos que, para ellos, era económicamente imposible comprar semejante regalo para sus hijos. Comprarlo hubiese significado no comer durante semanas o, quizá, hasta meses.
El revuelo infantil se prolongó durante casi un año, hasta que otro niño, de once años, el gordo Scheffer, como lo conocían sus camaradas, se cansó de pedirle, primero prestado el balón, y después rogarle que lo deje participar en los partidos que se armaban en el baldío, aunque más no sea como arquero, le robó un cuchillo a su madre y le destrozó a Luis su amada pelota de cuero número cinco metiéndole seis tajos.
Autor: Julio César Melchior
Luis tenía diez años y acceso a todos los juguetes que eran posibles comprar en la ciudad, cada vez que don Pedro Enrique Streitenberger viajaba para realizar algún tipo de transacción comercial, como vender el trigo de la cosecha, comercializar los vacunos o comprar algún tipo de herramienta moderna.
Fue así que un día, Luis deslumbró a sus amigos con una pelota de fútbol de cuero, para más datos una número cinco, y un par de botines, también de cuero.
La novedad recorrió la colonia y en segundos una multitud de niños curiosos llenó el baldío donde habitualmente jugaban al fútbol.
Luis se convirtió rápidamente en el niño más popular y en el niño cuya amistad todos deseaban. Pero, en todas las relaciones humanas siempre hay un pero, Luis no quería ser amigo de todos los niños sino de los que él juzgaba merecedores de poder acceder al privilegio de jugar con su balón y acceder a su casa. Algo de lo que muy pocos podían presumir. Ya que en la colonia no todos estaban en su nivel social. Ni siquiera cerca.
Así que esto originó un conflicto entre los niños, que desembocó en varias grescas que se resolvieron a golpes de puño durante los recreos, y en un problema mayúsculo para los otros padres, la mayoría humildes peones de campo, que no encontraban la forma de explicarles a sus hijos que, para ellos, era económicamente imposible comprar semejante regalo para sus hijos. Comprarlo hubiese significado no comer durante semanas o, quizá, hasta meses.
El revuelo infantil se prolongó durante casi un año, hasta que otro niño, de once años, el gordo Scheffer, como lo conocían sus camaradas, se cansó de pedirle, primero prestado el balón, y después rogarle que lo deje participar en los partidos que se armaban en el baldío, aunque más no sea como arquero, le robó un cuchillo a su madre y le destrozó a Luis su amada pelota de cuero número cinco metiéndole seis tajos.
Autor: Julio César Melchior
domingo, 22 de septiembre de 2019
Revelacion Alemana - Por la Panza, sos Casao!!! '2018'
Album: Por la Panza, sos Casao!!!.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 46.9 Mb.
Caratulas: Frontaly Trasera
Año: 2018
Sonido: Excelente.
01- Bretzel y Cerveza.
02- Polca do Fritz.
03- Que bien bailas - Alegre es la vida de los gitanos.
04- Comiendo salame - En el parque del lago.
05- A lucas Gonzalez.
06- Polca Campechana - La Ilusion de Arturito.
07- Si dijieras que si - Agachate Santiago
08- Dejame intentar.
09- Dejala sola señora.
10- Por la panza sos casao.
11- Esta noche te gateo.
12- Linda es la Juventud.
13- El pescadito 2.
14- Que trompadon.
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez por compartir esta material
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 46.9 Mb.
Caratulas: Frontaly Trasera
Año: 2018
Sonido: Excelente.
01- Bretzel y Cerveza.
02- Polca do Fritz.
03- Que bien bailas - Alegre es la vida de los gitanos.
04- Comiendo salame - En el parque del lago.
05- A lucas Gonzalez.
06- Polca Campechana - La Ilusion de Arturito.
07- Si dijieras que si - Agachate Santiago
08- Dejame intentar.
09- Dejala sola señora.
10- Por la panza sos casao.
11- Esta noche te gateo.
12- Linda es la Juventud.
13- El pescadito 2.
14- Que trompadon.
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez por compartir esta material
domingo, 15 de septiembre de 2019
El viejito del acordeón
El viejito del acordeón dejó de tocar. Una lágrima rodó por su mejilla arrugada y triste. Como un río hacia el vacío. Sin ayer, sin pasado ni recuerdos. Apenas un surco que el llanto iba abriendo en el rostro sembrando melancolía en quien lo observaba. Sus ojos brillaron como dos estrellas moribundas. Suspiró hondo, muy pero muy hondo, como buscando aferrarse a una última esperanza. Pero fue inútil. La hora había llegado. El tren estaba a punto de partir. Ya no había posibilidad de retorno. Estaba en el andén y tenía que subir. Tartamudeó unas palabras… Inaudibles. Roncas. Ásperas. Que se iban muriendo con él.
Cerró los ojos -Los parroquianos del bar lo observaban estupefactos y expectantes-. Reclinó la cabeza. Colocó las manos sobre el acordeón y torpemente comenzó a tocar el himno al amor que lo acompañó durante toda su vida: “Wen ich komm”. Un acorde, dos, tres, cuatro… Cada vez más espaciados y más desafinados… Hasta que por fin la música se volvió un sonido desafinado y agudo. Como una exhalación. Como un último suspiro.
Silencio. Quietud. El viejito del acordeón quedó petrificado, aferrado a su instrumento como una estatua. Los ojos bien abiertos. Las pupilas se le iban secando, apagando el cristal de sus bellos y marchitos ojos celestes…
Los parroquianos, desconcertados, fueron saliendo de su estupor… Se acercaron con cautela… Para descubrir que el anciano había fallecido delante a ellos.
Autor: Julio César Melchior
Cerró los ojos -Los parroquianos del bar lo observaban estupefactos y expectantes-. Reclinó la cabeza. Colocó las manos sobre el acordeón y torpemente comenzó a tocar el himno al amor que lo acompañó durante toda su vida: “Wen ich komm”. Un acorde, dos, tres, cuatro… Cada vez más espaciados y más desafinados… Hasta que por fin la música se volvió un sonido desafinado y agudo. Como una exhalación. Como un último suspiro.
Silencio. Quietud. El viejito del acordeón quedó petrificado, aferrado a su instrumento como una estatua. Los ojos bien abiertos. Las pupilas se le iban secando, apagando el cristal de sus bellos y marchitos ojos celestes…
Los parroquianos, desconcertados, fueron saliendo de su estupor… Se acercaron con cautela… Para descubrir que el anciano había fallecido delante a ellos.
Autor: Julio César Melchior
domingo, 8 de septiembre de 2019
Adler's Band - Volumen 01
Adlers-Band fundada en 23-11-1990 en la ciudad de Jaraguá del sur - SC, iniciando con ocho integrantes 04 músicos de Soplo y 04 de Base actuamos desde entonces en Bailes, Bodas, Formaturas y Fiestas Típicas de la Región teniendo como foco principal los Clubes de Caza y Tiro y Sociedades de SC - PR - SP - Brasil
Album: Volumen 01.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 57.9 Mb.
Caratulas: Frontal
Año:-
Sonido: Excelente.
01- Mach jedem tag zum feiertag
02- Kammerfenteräepp
03- Hurra die musik ist dahr
04- Madona Del corona
05- Sonnenschein und wolkenbruch
06- Mein zillertal
07- Frühlingsmarsch
08- Dahr hom ist dahr hom
09- Anthon aus tirol
10- Trennen passen nicht zu dir
11- Eine nacht in Venezia
12- Die süsse aus den sauerland
13- Heut troem ich Von glück
14- Cabriole
15- Rock,n roll in zillertal
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Album: Volumen 01.
Bitrate: 128.
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Caratulas: Frontal
Año:-
Sonido: Excelente.
01- Mach jedem tag zum feiertag
02- Kammerfenteräepp
03- Hurra die musik ist dahr
04- Madona Del corona
05- Sonnenschein und wolkenbruch
06- Mein zillertal
07- Frühlingsmarsch
08- Dahr hom ist dahr hom
09- Anthon aus tirol
10- Trennen passen nicht zu dir
11- Eine nacht in Venezia
12- Die süsse aus den sauerland
13- Heut troem ich Von glück
14- Cabriole
15- Rock,n roll in zillertal
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domingo, 1 de septiembre de 2019
Tradiciones y costumbres de Corpus Christi de los alemanes del Volga
Para la fiesta de Corpus Christi, los alemanes del Volga desplegaban sus galas en la ornamentación de Kapeller: cuatro capillitas construidas dentro del patio de la iglesia, cada una de las cuales ocupaba estratégicamente un punto cardinal, como asimismo estaban al cuidado y la protección de un barrio que para esa fecha trascendente se encargaba de adornarlo. Die Kapeller putzen, que así se llama la maestría de adornar las capillitas, era todo un arte, puesto que se ponía enorme creatividad en ello y un gran esmero, que se traducía en una ostentación fuera de lo común. Para ello se utilizaban las más finas sedas de brocato para revestir las paredes interiores y bellas perlas de vidrio de todos los colores. También se utilizan imágenes para realzar la religiosidad del ambiente. Mientras que en el centro se colocaba un altar con un mantel bordado con letras y motivos religiosos en oro.
Y para el día de Corpus Christi la feligresía, en procesión, abandonaba la iglesia acompañando al párroco, acompañado por otros dos sacerdotes que presidían el grupo humano llevando en alto el Monstranz (Sagrada Custodia). Los sacerdotes marchaban bajo la protección del palio. Delante de la comitiva caminaba un importante número de monaguillos que, al son armónico de campanillas que hacían sonar, a su vez eran precedidos por un conjunto de unas cincuenta niñas vestidas de angelitos, llevando canastillas llenas de pétalos o papelitos de colores, que arrojaban al aire, tapizando el camino que iba a transitar la procesión.
Detrás de todo este glorioso cortejo, estaban los escolares con sus pulcros guardapolvos blancos y la multitud de fieles: participando devotamente de la fiesta religiosa.
A medida que la procesión llegaba a los Kapeller, el sacerdote ingresaba a los mismos, y depositaba el Monstranz sobre el altar; tomaba en sus manos el Evangelio y comenzaba a leer una lectura ya preestablecida y que año a año se repetía en el mismo lugar. Los procesionantes entonaban con devoción el Tantum ergo. Seguidamente, y con profunda solemnidad, el párroco tomaba el Monstranz y levantándolo en alto, impartía la bendición.
Este acto litúrgico se reiteraba en los cuatro Kapeller. Finalizadas las ceremonias, la procesión ingresaba a la iglesia, donde se oficiaba una misa, dando por concluida la sagrada fiesta de Corpus Christi.
La fiesta de Corpus Christi se comenzó a celebrar en Lieja en el siglo XIII, como resultado de las maravillosas visiones de Sor Juliana de Monte Cornillon. El Papa Urbano IV la estableció universalmente en 1264 y fijada en el calendario el jueves siguiente al domingo de Trinidad. Después se le asignó una Octava y una Procesión solemne declarándosela fiesta de precepto, igualándola a las más clásicas del año eclesiástico.
Para celebrar dignamente tan alto misterio como es la Sagrada Eucaristía, Santo Tomás de Aquino compuso el Oficio y la música. Notables son los himnos "Pange Lingua", sobre todo sus dos últimas estrofas “Tantum Ergo” y “Genitori Genitoque" y "Lauda Sion", que era un verdadero poema teológico de la Eucaristía, donde en forma rítmica y eminentemente sencilla expresó toda la delicada doctrina eucarístíca, hermanando la claridad con la profundidad y la simplicidad con el lirismo.
Los alemanes del Volga desplegaban sus galas y se deshacían en cánticos y alabanzas a la divina Eucaristía. Y no bastándole el recinto del templo ni la quietud del santuario, se derramaron por las calles y plazas de las colonias en devota y bulliciosa procesión, paseando en artísticas custodias y bajo el palio el Rey de Reyes, encerrado en la Hostia consagrada.
¡Paso al Sumo Sacramento! ¡Para El las flores, para El los cánticos, para El los repiques de las campanas, para El las salvas de las escopetas! (Autor: Julio César Melchior).
Y para el día de Corpus Christi la feligresía, en procesión, abandonaba la iglesia acompañando al párroco, acompañado por otros dos sacerdotes que presidían el grupo humano llevando en alto el Monstranz (Sagrada Custodia). Los sacerdotes marchaban bajo la protección del palio. Delante de la comitiva caminaba un importante número de monaguillos que, al son armónico de campanillas que hacían sonar, a su vez eran precedidos por un conjunto de unas cincuenta niñas vestidas de angelitos, llevando canastillas llenas de pétalos o papelitos de colores, que arrojaban al aire, tapizando el camino que iba a transitar la procesión.
Detrás de todo este glorioso cortejo, estaban los escolares con sus pulcros guardapolvos blancos y la multitud de fieles: participando devotamente de la fiesta religiosa.
A medida que la procesión llegaba a los Kapeller, el sacerdote ingresaba a los mismos, y depositaba el Monstranz sobre el altar; tomaba en sus manos el Evangelio y comenzaba a leer una lectura ya preestablecida y que año a año se repetía en el mismo lugar. Los procesionantes entonaban con devoción el Tantum ergo. Seguidamente, y con profunda solemnidad, el párroco tomaba el Monstranz y levantándolo en alto, impartía la bendición.
Este acto litúrgico se reiteraba en los cuatro Kapeller. Finalizadas las ceremonias, la procesión ingresaba a la iglesia, donde se oficiaba una misa, dando por concluida la sagrada fiesta de Corpus Christi.
La fiesta de Corpus Christi se comenzó a celebrar en Lieja en el siglo XIII, como resultado de las maravillosas visiones de Sor Juliana de Monte Cornillon. El Papa Urbano IV la estableció universalmente en 1264 y fijada en el calendario el jueves siguiente al domingo de Trinidad. Después se le asignó una Octava y una Procesión solemne declarándosela fiesta de precepto, igualándola a las más clásicas del año eclesiástico.
Para celebrar dignamente tan alto misterio como es la Sagrada Eucaristía, Santo Tomás de Aquino compuso el Oficio y la música. Notables son los himnos "Pange Lingua", sobre todo sus dos últimas estrofas “Tantum Ergo” y “Genitori Genitoque" y "Lauda Sion", que era un verdadero poema teológico de la Eucaristía, donde en forma rítmica y eminentemente sencilla expresó toda la delicada doctrina eucarístíca, hermanando la claridad con la profundidad y la simplicidad con el lirismo.
Los alemanes del Volga desplegaban sus galas y se deshacían en cánticos y alabanzas a la divina Eucaristía. Y no bastándole el recinto del templo ni la quietud del santuario, se derramaron por las calles y plazas de las colonias en devota y bulliciosa procesión, paseando en artísticas custodias y bajo el palio el Rey de Reyes, encerrado en la Hostia consagrada.
¡Paso al Sumo Sacramento! ¡Para El las flores, para El los cánticos, para El los repiques de las campanas, para El las salvas de las escopetas! (Autor: Julio César Melchior).
domingo, 25 de agosto de 2019
Ritmo Inmigrante - Musiqueando en Santa Anita '2017'
Este grupo de Santa Anita, si primer material discografico llamado "Musiqueando en Santa Anita" cuyos integrantes son Fernado Kraneviter en Acordeon, Fabian Her guitarra y voz, Leandro Mathey Doret en Bajo y Juan Domé en BateriaI.
Album: Musiqueando en Santa Anita.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 38.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2017
Sonido: Excelente.
01- Bienvenidos los novios
02- Viejita llevame a casa
03- Polka tradicional
04- Musiqueando en Santa Anita
05- El tirabuzón
06- El cepillo
07- Anna Kathriñe
08- Gauchito guaraní
09- El galpón
10- Die Marie und die Kreit
11- Hupsnpolka
12- Drei ratzen, drei katzen
13- Galleta Collera - El gato moro
14- Die mit den roten rock
15- Vals tradicional
16- Puerto Tirol
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Album: Musiqueando en Santa Anita.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 38.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2017
Sonido: Excelente.
01- Bienvenidos los novios
02- Viejita llevame a casa
03- Polka tradicional
04- Musiqueando en Santa Anita
05- El tirabuzón
06- El cepillo
07- Anna Kathriñe
08- Gauchito guaraní
09- El galpón
10- Die Marie und die Kreit
11- Hupsnpolka
12- Drei ratzen, drei katzen
13- Galleta Collera - El gato moro
14- Die mit den roten rock
15- Vals tradicional
16- Puerto Tirol
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domingo, 18 de agosto de 2019
Anochecer en las colonias alemanas del Volga de 1920
Es la hora en que el sol se inclina a dormir detrás de las sierras, dejando en libertad millones de luciérnagas que comienzan a poblar el cielo en forma de estrellas. Surge una aquí, otra más allá, tejiendo un reino de constelaciones que deja escrito en el firmamento los deseos que los colonos le solicitan a la luna llena que también emerge en el horizonte, redonda, color de oro, como hostia divina.
Las viviendas se iluminan. Lentamente las ventanas dejan ver la luz de los faroles, de las lámparas a kerosén, de las velas, y la noche de la colonia se puebla de acallados susurros, entre los que se descifran las voces de los niños que aún juegan en las calles, de los hombres que dejan libres los caballos, luego de un arduo día de trabajo; de las mujeres que empiezan a preparar la cena. Algunos colonos conversan intercambiando opiniones. Otros meditan. Otros recuerdan la aldea lejana, allá lejos, en el Volga.
Y llega la noche. El aire se perfuma de rocío. Mientras la colonia se sumerge en un silencio casi total. Las calles están vacías. Oscuras. Sólo se escucha, de vez en cuando, el relincho de algún caballo o ladridos de perros, que se pierden en la lontananza del campo suarense. Las chimeneas de las viviendas suspiran su humo, en negras nubes de hollín.
Los colonos se aprestan a iniciar la noche. Se sentarán a la mesa. El padre de familia rezará una oración, agradeciendo a Dios la cena; después cenarán… Luego tal vez salgan a visitar a un familiar o amigo; a jugar a los naipes; a cantar antiguas canciones que los emocionarán hasta las lágrimas; o simplemente charlarán sobre los tiempos que se fueron y los que vendrán; o hablarán de la tarea realizada en la chacra… O permanecerán en silencio, reflexionando. Hasta que alguien diga: “es hora de dormir, mañana será otro día”. Y todos se irán a la cama pensando en la dura labor que les espera mañana. (Autor: Julio César Melchior).
Las viviendas se iluminan. Lentamente las ventanas dejan ver la luz de los faroles, de las lámparas a kerosén, de las velas, y la noche de la colonia se puebla de acallados susurros, entre los que se descifran las voces de los niños que aún juegan en las calles, de los hombres que dejan libres los caballos, luego de un arduo día de trabajo; de las mujeres que empiezan a preparar la cena. Algunos colonos conversan intercambiando opiniones. Otros meditan. Otros recuerdan la aldea lejana, allá lejos, en el Volga.
Y llega la noche. El aire se perfuma de rocío. Mientras la colonia se sumerge en un silencio casi total. Las calles están vacías. Oscuras. Sólo se escucha, de vez en cuando, el relincho de algún caballo o ladridos de perros, que se pierden en la lontananza del campo suarense. Las chimeneas de las viviendas suspiran su humo, en negras nubes de hollín.
Los colonos se aprestan a iniciar la noche. Se sentarán a la mesa. El padre de familia rezará una oración, agradeciendo a Dios la cena; después cenarán… Luego tal vez salgan a visitar a un familiar o amigo; a jugar a los naipes; a cantar antiguas canciones que los emocionarán hasta las lágrimas; o simplemente charlarán sobre los tiempos que se fueron y los que vendrán; o hablarán de la tarea realizada en la chacra… O permanecerán en silencio, reflexionando. Hasta que alguien diga: “es hora de dormir, mañana será otro día”. Y todos se irán a la cama pensando en la dura labor que les espera mañana. (Autor: Julio César Melchior).
domingo, 11 de agosto de 2019
Milo y Su Conjunto - Que Bonitos Ojos '2009'
Integrantes Emilio Blum (Milo) en acordeon, José Escudero en guitarra y voz, y Rubén Eichhorn en Piano, percusion y voz
Album: Que Bonitos Ojos.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 37.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2009
Sonido: Excelente.
01- Que bonitos ojos
02- Casamiento en Villa clara.
03- Camino a Lindenau.
04- Magnolia triste.
05- El gateau.
06- Dama española.
07- Linda es la juventud.
08- El dominguero.
09- Detras del horno.
10- Drei wochen vor ostern.
11- Por llegar a San Javier
12- Seca tus lagrimas.
13- Como baila la nona
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez por compartir esta material
Album: Que Bonitos Ojos.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 37.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2009
Sonido: Excelente.
01- Que bonitos ojos
02- Casamiento en Villa clara.
03- Camino a Lindenau.
04- Magnolia triste.
05- El gateau.
06- Dama española.
07- Linda es la juventud.
08- El dominguero.
09- Detras del horno.
10- Drei wochen vor ostern.
11- Por llegar a San Javier
12- Seca tus lagrimas.
13- Como baila la nona
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez por compartir esta material
domingo, 4 de agosto de 2019
Don Pedro recuerda su infancia en la colonia de antaño
Hacía una hora que habían terminado de almorzar. La colonia estaba en silencio. Los niños seguramente estarían en la pileta del club o en el arroyo, disfrutando del verano. En los tiempos modernos que corren ya ningún padre obligaba a sus hijos a dormir la siesta.
Don Pedro llevó una silla bajo el nogal y se sentó. También llevaba un libro.
Miró hacia la huerta. Las plantas de tomates florecían. Algún pájaro atrevido picoteaba la lechuga. Más allá, los frutales exhibían sus ciruelas y sus manzanas. La casa estaba en silencio. Don Pedro era viudo y vivía solo desde hacía cinco años.
Miró la tapa del libro: un grupo de niños con juegos tradicionales parecían mirarlo desde el pasado e invitarlo a jugar los juegos que jugó cuando fue niño igual que ellos.
Una profunda nostalgia anidó en su alma. Recordó a su madre, muerta hacía tantos años que ya ni sabía cuántos, a sus hermanos y a sus primos, los amigos, la escuela primaria…
Los ojos se le llenaron de lágrimas. La vida había pasado tan rápido.
Abrió el libro y, antes de empezar a leer, lo ojeó. Y un universo casi olvidado renació en su memoria, junto a decenas de vivencias, remembranzas de personas y lugares que ya casi no existían comenzaron a surgir como si nunca se hubieran ido. El libro traía al presente la niñez en la colonia de antaño. Rescataba al Pelznickel, al Christkindie, las tradicionales celebraciones de Navidad y de Año Nuevo, la manera de educar de los padres, la severidad de las maestras de entonces y sus métodos de enseñanza, canciones infantiles… Don Pedro, desbordado por la emoción, tarareó: Tros, tros, trillie, der Bauer ot ain Fillie…”.
El libro que tenía en sus manos era “La infancia de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior. (Autor: Julio César Melchior).
Don Pedro llevó una silla bajo el nogal y se sentó. También llevaba un libro.
Miró hacia la huerta. Las plantas de tomates florecían. Algún pájaro atrevido picoteaba la lechuga. Más allá, los frutales exhibían sus ciruelas y sus manzanas. La casa estaba en silencio. Don Pedro era viudo y vivía solo desde hacía cinco años.
Miró la tapa del libro: un grupo de niños con juegos tradicionales parecían mirarlo desde el pasado e invitarlo a jugar los juegos que jugó cuando fue niño igual que ellos.
Una profunda nostalgia anidó en su alma. Recordó a su madre, muerta hacía tantos años que ya ni sabía cuántos, a sus hermanos y a sus primos, los amigos, la escuela primaria…
Los ojos se le llenaron de lágrimas. La vida había pasado tan rápido.
Abrió el libro y, antes de empezar a leer, lo ojeó. Y un universo casi olvidado renació en su memoria, junto a decenas de vivencias, remembranzas de personas y lugares que ya casi no existían comenzaron a surgir como si nunca se hubieran ido. El libro traía al presente la niñez en la colonia de antaño. Rescataba al Pelznickel, al Christkindie, las tradicionales celebraciones de Navidad y de Año Nuevo, la manera de educar de los padres, la severidad de las maestras de entonces y sus métodos de enseñanza, canciones infantiles… Don Pedro, desbordado por la emoción, tarareó: Tros, tros, trillie, der Bauer ot ain Fillie…”.
El libro que tenía en sus manos era “La infancia de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior. (Autor: Julio César Melchior).
domingo, 28 de julio de 2019
Los Gringos del Volga - Recorriendo Caminos '2018'
Album: Recorriendo Caminos.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 33.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2018
Sonido: Excelente.
01- Musiqueando en el quincho
02- Corrido popular
03- Ritmo de valseado
04- Al ballet Corazoncito del Volga
05- Detrás del horno
06- Viejita llevame a casa
07- Ladrillo bayo
08- Ritmo de vanerón
09- Schöne Fest
10- La jota cordobesa
11- Recorriendo caminos
12- A la tierra de la yerba
13- Vals tradicional
14- Polka rusa
Descargar
Agradecimiento Especial a Leandro Dieser por compartir esta material
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 33.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2018
Sonido: Excelente.
01- Musiqueando en el quincho
02- Corrido popular
03- Ritmo de valseado
04- Al ballet Corazoncito del Volga
05- Detrás del horno
06- Viejita llevame a casa
07- Ladrillo bayo
08- Ritmo de vanerón
09- Schöne Fest
10- La jota cordobesa
11- Recorriendo caminos
12- A la tierra de la yerba
13- Vals tradicional
14- Polka rusa
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Agradecimiento Especial a Leandro Dieser por compartir esta material
domingo, 21 de julio de 2019
¿No todos los niños tuvieron la dicha de tener un triciclo en las colonias de antaño?
No todos los padres podían darse el lujo de comprarle un triciclo a su hijo. El dinero que ganaban trabajando en las tareas rurales como peón, incluso arrendando o como propietarios de unas pocas hectáreas, era escaso y la cantidad de hijos casi siempre superaba la media docena o, a muchas veces, la docena. Lo que solamente permitía satisfacer las necesidades básicas, apoyándose en huertas, carneadas, un sótano repleto de dulces, conservas y encurtidos, y una muda de ropa para los días de trabajo y otra para asistir a misa los domingos. No había manera de que sobrara un poco de dinero para utilizarlo en otros menesteres, por más planes de ahorro que se aplicaran. Ni que hablar de comprar algún artículo que no fuera absolutamente imprescindible como, por ejemplo, juguetes para los niños. Ellos tenían que conformarse con los que había o si no recurrir a su ingenio para fabricarlos.
No obstante esto, había padres, pocos, que sí podían darse el lujo de comprarle un triciclo a sus hijos. Eran los que poseían una posición económica más holgada, porque eran dueños de varias hectáreas de campo, lo que les permitía obtener un importante rédito económico con la cosecha de trigo y girasol, como asimismo con la venta de vacunos y lanares. Estos les regalaban a sus hijos triciclos nuevos, relucientes, para la fiesta de reyes o para el día de su santo. Desencadenando la admiración en los demás niños de las colonias, que veían a sus compañeritos de escuela montados en sus triciclos, recorriendo la galería de la amplia casa o el patio, bajo la sombra de los árboles frutales, disfrutando la bendición de ser los hijos de las familias más pudientes de la localidad.
Pero no todo concluía ahí. Porque también había padres muy humildes que, a costa de mucho trabajo, ahorro y sacrificio, lograban reunir dinero necesario para adquirir aunque más no sea un triciclo usado y obsequiárselo a sus hijos. Lo mismo que existían otros padres que, con mucho ingenio, fabricaban uno imitando al original. Y, si bien es cierto, que el resultado, a veces, distaba bastante de ser perfecto, el vehículo de tres ruedas terminaba siendo la felicidad de los niños, porque, por aquellos años, los pequeños se conformaban con lo que sus progenitores podían obsequiarles. La premisa básica no era tener el mejor triciclo sino ser un buen niño, un mejor hijo y una persona de bien.
Julio César Melchior
No obstante esto, había padres, pocos, que sí podían darse el lujo de comprarle un triciclo a sus hijos. Eran los que poseían una posición económica más holgada, porque eran dueños de varias hectáreas de campo, lo que les permitía obtener un importante rédito económico con la cosecha de trigo y girasol, como asimismo con la venta de vacunos y lanares. Estos les regalaban a sus hijos triciclos nuevos, relucientes, para la fiesta de reyes o para el día de su santo. Desencadenando la admiración en los demás niños de las colonias, que veían a sus compañeritos de escuela montados en sus triciclos, recorriendo la galería de la amplia casa o el patio, bajo la sombra de los árboles frutales, disfrutando la bendición de ser los hijos de las familias más pudientes de la localidad.
Pero no todo concluía ahí. Porque también había padres muy humildes que, a costa de mucho trabajo, ahorro y sacrificio, lograban reunir dinero necesario para adquirir aunque más no sea un triciclo usado y obsequiárselo a sus hijos. Lo mismo que existían otros padres que, con mucho ingenio, fabricaban uno imitando al original. Y, si bien es cierto, que el resultado, a veces, distaba bastante de ser perfecto, el vehículo de tres ruedas terminaba siendo la felicidad de los niños, porque, por aquellos años, los pequeños se conformaban con lo que sus progenitores podían obsequiarles. La premisa básica no era tener el mejor triciclo sino ser un buen niño, un mejor hijo y una persona de bien.
Julio César Melchior
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