domingo, 10 de diciembre de 2023

Un día en la vida de mi madre alemana del Volga

Mamá se levantaba a las cuatro de la mañana para amasar y hornear pan casero en el horno de barro que papá había construido en el fondo del patio de casa. Elaboraba el pan diario de cada jornada bajo la luz de un farol a kerosén. Lo hacía cantando. Con alegría. Contenta de la vida que llevaba.
Mientras hacía esto, encendía la cocina a leña, donde comenzaba a preparar la sopa que ingeríamos todos los días como entrada al plato principal del almuerzo. Era obligación que la sopa hirviera durante horas, con cuanta verdura se cosechara en la quinta: trozos de zanahorias, zapallos, zapallitos, papas, repollo, perejil, ajo… y por supuesto, abundante carne.
Después de terminar de hacer el pan, mamá lavaba la ropa de toda la familia en un enorme fuentón de chapa, refregando con sus manos en la tabla de lavar las prendas sucias de tierra y grasa de los hombres que trabajaban el campo. Las colgaba a secar al aire libre, a merced del viento, en largos hilos de alambre, tensados a lo ancho de la parte trasera del patio.


 Era una tarea ardua y prolongada en la que colaboraban todas las mujeres del hogar, sin distinción de edad, así tuvieran veinte, quince o nueve años: era obligación so pena de castigo, sacar de la bomba el agua, acarrearla en grandes baldes, para que mamá pudiera realizar su labor.
Terminado ese menester, mamá comenzaba a preparar el plato principal del almuerzo: Kleis mit Sauerkraut, Wickelnudel… o algún otro manjar tradicional que andando el tiempo y la vida nunca nadie volvió a saborear con el mismo placer.
A las doce, cuando sonaban las campanas de la iglesia para rezar el Ángelus, toda la familia se sentaba alrededor de la larga mesa de madera de la cocina. Papá rezaba agradeciendo a Dios el alimento y el bienestar en que desarrollábamos nuestra existencia. ¡Y a comer! Mamá, papá, los abuelos, los tíos… Las personas mayores conversaban con gestos adustos y serios sobre temas que no incumbían a los niños, que debían permanecer en silencio. Nada de hablar en la mesa y de tener que hacerlo, a las personas adultas se las trataba de usted.
A la tarde, mamá y los hijos, concurrían al campo a ayudar a papá, a arar, sembrar, cosechar… Dar vuelta la quinta con la pala, carpir… Juntar bosta de vaca para quemar en la cocina a leña… Alimentar los cerdos, las gallinas, patos, gansos, pavos… Las vacas lecheras… Las ovejas para consumo…
El trabajo parecía no terminar nunca.
Al atardecer, mamá y sus hijas, luego de bajar la ropa de los tendales, comenzaban las largas horas de planchar la ropa con las planchas a carbón. Almidonar los cuellos de las camisas… Zurcir las medias y remendar las prendas con parches de tela, sin importar el tamaño y cuanto se notara. Eran otros tiempos, en que las camisas y los pantalones remendados, se lucían con orgullo, porque eran símbolos de trabajo, muestras evidentes de que quien las vestía trabajaba de verdad.
Después mamá empezaba a preparar la cena a la par que amasaba y freía Kreppel en una sartén con abundante grasa, que comíamos espolvoreados con mucha azúcar, y acompañados de unos ricos mates.
Llegada la hora de la cena, papá volvía a rezar. Se repetía la misma escena del almuerzo: las personas mayores conversaban y los niños permanecían sentados en silencio, saboreando la última comida del día.
Concluida la cena, y lavados los platos, se leía algún pasaje de la Biblia, se rezaba y se cantaba en alemán. El abuelo buscaba la verdulera para tocar canciones llenas de nostalgia que rememoraban viejos amores, seres queridos que se quedaron para siempre esperando allá en las aldeas del Volga, en Rusia…
Mamá, ajena a todo, sentada en un rincón, cerca de la lámpara a kerosén, tejía con cinco agujas, guantes y medias, pensando en vaya uno a saber qué cosa.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 3 de diciembre de 2023

Brisas Inmigrantes - Buena Vida '2014'

Integrantes Carlos heidenreich en percusion, Dalmiro Bauer en bateria y coros, Miguel Newirt en 1 acordeon, Saxo y coros, Tamara Carreño en Saxo,  Martin Bauer 2 acoreon y 1  voz, Mauro Weitzel en Teclados y coros, Martin Carreño en locucion y Guiro.
Album: Buena Vida.
Bitrate: 192.
Tamaño del archivo: 59.2 Mb.
Caratulas: Frontal .
Año: 2014.
Sonido: Excelente.
01- Inmigrante Fest.
02- Donde estan los musicos.
03- Dormir en tus brazos.
04- Oktoberfest.
05- Tiempo Alegre.
06- Ya me olvide de ti.
07- Fiesta mas fiesta.
08- Identidad.
09- Buena Vida.
10- Pal espiche.
11- Polka del Sapito.
12- Cabaña Suiza.
13- Sentadito en la vereda.
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domingo, 26 de noviembre de 2023

¿Quién tomó Wunderbalsam alguna vez en su vida?

 Estaba en casi todos los hogares de la colonia y se lo recetaba para cualquier tipo de dolencia, se
lo consideraba sanador y efectivo. Se decía que jamás fallaba. La dosis a ingerir, dependía de la edad del paciente y de la dolencia, ya que podía ir desde una cucharadita de té hasta una cucharada de las que se utilizaba para tomar la sopa. 


En ocasiones, dependiendo de la rebeldía de lo que a uno le aquejaba, podía ser aún mayor. Muchas veces también, se remojaba un terrón de azúcar, que tampoco debía faltar en ningún hogar, porque el terrón de azúcar se utilizaba para tomar mate. Esta técnica de remojar un terrón de azúcar con Wunderbalsam se usaba porque, antiguamente, esta pócima era bastante amarga.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 19 de noviembre de 2023

Alfonso Erni - Recordando a Feliciano Brunelli '1987'

 Album: Recordando a Feliciano Brunelli – Vol. 6
Bitrate: 98.
Tamaño del archivo: 16.5 Mb.
Caratulas: -.
Año: 1987.


01- Florida ventana de Granada
02- No me aprietes bailando
03- Un vals para escuchar
04- Acordeón musette
05- Rancherita cordobesa
06- Ildo y su acordeón
07- Marietta dice
08- Ilusión de mi vida
09- El baile del pollo
10- El 25 de mayo
11- Sueño en Paris
12- Frisch
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domingo, 12 de noviembre de 2023

Historia de vida de un abuelo alemán del Volga

 Trabajar desde niños. Obedecer a los padres sin contradecirlos. Casarse. Tener hijos. Criarlos y educarlos. Jamás pensar en sí mismos. Mandatos ancestrales que el hombre debía cumplir desde el momento que nacía y hacer cumplir desde el instante que se casaba. Una historia que desnuda una vida y nos acerca al pasado, para comprender el presente.

-Tenía diez años. Me acuerdo muy bien. Mi papá me mandaba a pastar las vacas por las calles rurales porque había sequía. Yo solito, con la única colaboración de un perro, cuidaba de cuarenta vacas lecheras. Era todo el capital que poseía mi padre. Papá era dueño de un tambo. Ordeñábamos bien temprano, de madrugada, porque las nueve había que llevar la leche a la quesería, una fábrica que existía cerca de la colonia tres. Tomaba el desayuno y a la calle. Me llevaba un poco de carne, pan y yerba. Encendía fuego en algún reparo que encontraba. A veces hacía tanto frío que titiritaba. Pero había que estar igual. Las vacas tenían que comer, no solamente para no morir de hambre, sino para dar más leche. Las heladas eran tremendas. Se me congelaban las manos y los pies. Los guantes y las medias de lana hilada que tejía mi madre no alcanzaban para mitigar el frío. Llega a casa al atardecer, encerraba las vacas en el corral, y me iba corriendo a sentarme al lado de la cocina a leña para calentar el cuerpo. Mamá me esperaba con mate cocido y Kreppel, chorizo casero y jamón. ¡Qué rico era comer aquellos manjares y ver a mi madre sonreír satisfecha! –cuenta don Luis.


 Ese trabajo lo hice casi todos los años de mi niñez porque mi padre tenía poco campo y la cantidad de cabezas de ganado aumentaba con cada parición. Me conocía todos los secretos de los caminos… Dónde podía refugiarme si hacía mucho frío, si llovía, si soplaba viento… Donde había un nido con pichones… También conocía a todos los chacareros de la zona que pasaban saludándome y haciéndome bromas, cuando iban a la colonia. Era una época difícil pero yo era feliz. Llevaba mi honda, cazaba pajaritos para comer. Me acuerdo de una vez en que, por correr detrás de una liebre con el perro, me descuidé y las vacas salieron corriendo en estampida, en una carrera loca que las llevó lejos, bien lejos. Me costó laburo y mucho llanto volver a juntar todas. Tenía mucho miedo a que mi padre se enterara y me castigara. Nunca más volví a cometer ese error. Uno aprende de las macanas que se manda –afirma.
-Cuando no tenía que estar en la calle con las vacas, tenía que ayudar a mi madre y a mi padre en las tareas domésticas y en el campo. Me gustaba más trabajar con mi mamá, ella no me gritaba y tampoco me pegaba. Papá se enojaba mucho y cuando se enojaba, era bravo. Me acuerdo de una vez en que me dijo que enlazara un carnero y yo enlacé una oveja. Me equivoqué feo y me dio miedo. Comencé a llorar. Cuando mi padre vio mi error y mis lágrimas, me retó furioso no solamente por la macana que había hecho sino porque lloraba como una mujer. Sacó su alpargata y me pegó. Me retaba y me pegaba una y otra vez –rememora.
-Trabajé con mis padres hasta que cumplí los quince años. Entonces le pedí permiso para buscar otro trabajo. Me dijo que sí; pero si me iba no podía regresar a trabajar nunca más con él. Acepté. Era duro. No se le movió un solo pelo cuando me lo dijo. Me dolió mucho. Pero nada podía ser peor que trabajar con él. Así que junte las pocas cosas que tenía y me fui para siempre –evoca en un quiebre emocional.
-Me fui del campo sin un peso. Mi papá no me dio nada. Tampoco me dio la mano para despedirme. Mamá lloraba mirando cómo sucedían las cosas. Cuando me ensillé el caballo y empecé a marcharme, papá estaba arando el campo, indiferente a lo que hacía yo. Seguramente estaba ofendido conmigo porque lo dejaba solo en la chacra con tres hijos pequeños. ¡Pero así es la vida! Uno no piensa cuando es joven. Quiere ser libre. Quiere tener su propia plata. Y a los meses la tuve. Porque enseguida empecé a trabajar en una estancia, a cincuenta kilómetros de casa. Los fijes de semana tenía dinero para ir a los bailes de la colonia. Paraba en la casa de los padres de un amigo. Íbamos a los bares- ¡Qué tiempos aquellos! –sonríe.
-Me agarraba unas curdas tremendas. Pero en aquellos años era algo normal.se tomaba mucho. Me acuerdo que más de una vez me llevaron a la estancia en carro porque ni siquiera podía subir al caballo de la curda que tenía encima. ¡Eso sí! –recalca- Los lunes a la mañana estaba en el trabajo. Jamás falté. Era muy cumplidor. Nunca le fallé al patrón –asegura.
-Veníamos a la colonia con mucha plata. Eran años en que se ganaba muy bien en el campo. Nos divertíamos a lo grande. Me acuerdo de las grandes fiestas Kerb. ¡La gente que había en la colonia en esos días! Asado, bailes y farra por todos lados. Todos contentos. En la Escuela Parroquial las religiosas preparaban kermeses. Había tantos juegos y tanta gente en el patio que era imposible caminar sin llevarse a alguien por delante. Me acuerdo del juego de las latas apiladas unas sobre otras que había que voltear con tres pelotas fabricadas con medias de hombre rellenas de telas o papel. Nos matábamos de risa. A veces también se proyectaba alguna película en el Salón Parroquial. ¡Era todo un acontecimiento y un lujo! Las películas que recuerdo son las de Chaplin, El gordo y el flaco… ¡Qué divertidos que eran! Las películas de cowboy. El inolvidable John Wayne y sus duelos con los vaqueros malos y los indios apaches. ¡Qué linda época! –exclama satisfecho consigo mismo y sus recuerdos.
-Una de aquellas noches, en un baile, conocí a María, mi esposa. Estaba con su hermana y sus padres. Me gustó enseguida. Así que junté coraje y a los quinces días fui a ver a su padre para decirle que me quería casar con ella. Me dijo que sí; pero que tenía que esperar tres meses y que podía visitarla todos los domingos a la tarde, de cuatro a seis. Siempre que la visitaba estaba presente la mamá. En ningún momento pudimos mantener una conversación en privado. Transcurridos los tres meses, nos casamos y me la llevé al campo a trabajar de matrimonio. ¡Era brava la María! No le gustaba el campo. Me costó mucho domarla y hacerle entender que yo ahora era su marido y ella tenía que hacer lo que le decía. No hizo falta pegarle para que entendiera. Ella era mía. Unos pocos gritos bastaron para que entrara en razón. Nunca tuve quejas de ella. Fue una buena mujer. Me dio ocho hijos: tres mujeres y cinco varones. Todos sanos –revela orgulloso.
-A los doce años de casados pudimos juntar la plata para comprarnos una casa en la colonia. Era chica pero suficiente para nosotros. Los chicos empezaron a ir a la escuela. Los menores terminaron. Los mayores tuvieron que dejar para salir a trabajar. Todos tenían que aportar para poner la olla. Nadie comía de arriba. Había que ganarse la comida. Los más chicos ayudaban a mi esposa en la quinta de verduras: a regar, a carpir y a hacer chucrut, pepinos en conversa –acota con cierta displicencia, como dando a entender que esas eran tareas de mujeres.
-Yo seguí en el campo, laburando como una bestia durante toda mi vida. Si no trabajás no tenés plata y si no tenés plata no podés vivir ni mantener a tu familia. Eso lo sabe cualquiera –sentencia.
-Trabajé hasta que me jubilé. Mis hijos, como todos los hijos, se casaron, se fueron de casa y se te he visto no me acuerdo. Todos hicieron su vida. Uno vive en Buenos Aires, otro en Bolívar, y así –describe.
-Yo quedé viudo hace ocho años. Vivo solo y me las arreglo solo. No necesito de nadie. Nunca necesité de nadie. Siempre pude solo y también puedo ahora. Viví mi vida y no me quejo. Ahora solamente me queda esperar que Dios me llame” –concluye Luis Agustín Lambrecht.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 5 de noviembre de 2023

Grupo Tentacion - Puro Sentimiento '2012'

Este es el volumen 05 de este grupo de Parana, Entre Rios con ritmo variados
Album: Puro Sentimiento.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 39.5 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera.
Año: 2012.
01- Polca cervecera.
02- Ven vamos a bailar.
03- Casamiento en Villa Clara.
04- Marcha del inmigrante.
05- Vals tradicional.
06- Entre Amigos y Chamame.
07- Fiesta en Zurich.
08- Fuiste tu.
09- Rosas de otoño.
10- Polca del pelado.
11- Y me quede en el bar.
12- Juanita.
13- Las tres manzanitas.
14- Pajarillo.
15- Y como es el.
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez  por compartir este material.

domingo, 29 de octubre de 2023

Los juegos en las colonias de antaño

Los niños juegan a las bolitas en la vereda. Las niñas a las muñecas, en el fondo del patio. Ambos ya saben: los varones tienen derecho a la vida social y las mujeres, la obligación de estar atentas al cuidado del hogar y la crianza de los hijos.


Los varones discuten, se empujan, se abofetean, se trompean, se ensucian, luchan por el espacio que les pertenece por la simple razón de ser hombres. Las nenas sin embargo miman a sus muñecas, las bañan, las visten, las alimentan. Las duermen, aceptan resignadamente y sin siquiera darse cuenta, el papel que la sociedad patriarcal les asigna.
Los juegos perpetúan el modelo. No son tan inofensivos ni tan inocuos como parecen. Y los adultos lo saben.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 22 de octubre de 2023

Brisas Inmigrantes - Mas Alegres que nunca '2008'

Album: Mas Alegres que nunca.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 22.2 Mb.
Caratulas: Frontal .
Año: 2008.
Sonido: Excelente. 
01- Alegre casamiento - Polca del regreso.
02- Bailando mazurca.
03- Alma de inmigrante.
04- El tenampa.
05- El gualeyo.
06- El gaucho biónico.
07- México lindo.
08- Bailando con mi cuñada.
09- Cuentas por aquí cuentas por allá.
10- Brindis tradicional alemán.
11- Ruts tuts.
12- Juan Guerrero.
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domingo, 15 de octubre de 2023

El amor de mi madre

 Mamá se levantaba bien temprano, generalmente a las cuatro de la madrugada, para ayudar a papá a ordeñar las vacas. Después encendía el horno de barro que estaba detrás de la casa y comenzaba a amasar el pan del día. Sus manos trabajaban la masa con el palote sobre una mesa de madera curtida, llena de años y de cicatrices. Amanecía y el rocío caía desde el cielo humedeciendo su cabello cano. Tanto en verano como en invierno, con heladas o sin ellas, mi madre siempre se las arregló para tener el pan sobre la mesa a la hora del desayuno. Ese pan rico para untar con manteca y miel y acompañar el chorizo seco, las morcillas y los dulces caseros.


 En mi alma de niño todavía la veo a mi madre parada junto a la mesa, en la cocina, cortando rebanadas de pan recién horneadas para su marido y sus hijos; conservo en mi memoria el aroma a café con leche impregnando la casa; y el sol asomando en el horizonte, allá lejos, donde mora Dios.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 8 de octubre de 2023

Grupo Tentación - Grupo Tentación '2013'

El volumen 07 de este grupo de Parana, para contrataciones de este grupo a los telefonos: (0343) 436 - 5564 o (0343) 154-674 061 con ritmos tradicionates y todos los estilos
Album: Grupo Tentación.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 39.3 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera.
Año: 2013.
Sonido: Excelente.
01- Polka cencerro.
02- Haciendo Tortas.
03- Camino a Caraguata.
04- Todo lo que que busco esta en vos.
05- Con tu permiso.
06- Chamame
07- Vals tradicional.
08- Saxo y ole.
09- Puerto Sanchez.
10- Schotis tradicional.
11- Bailando Mazurca.
12- Rayito de Sol.
13- Como Agua caliente.
14- Corre corazon.
15- Baila bien Pu.
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez  por compartir este material.

domingo, 1 de octubre de 2023

Tradiciones y costumbres de los alemanes del Volga

 El abuelo había encendido el horno de barro con plantas secas de girasol, maíz, cardo más marlos, chalas, cabezas de girasol, ramas que los niños traían de la vera del arroyo cuando iban a pescar, bosta de vaca, mientras la abuela tenía levando varios panes, dentro de latas de dulce de membrillo ennegrecidas por el uso, y otros tantos Dünnekuche en fuentes fabricadas por el abuelo con retazos de chapas, obtenidos aquí y allá, en los basurales o gracias a la generosidad de los vecinos.
La chimenea del horno de barro despedía humo negro en el amanecer del verano, con los niños alimentando el cerdo encerrado en el chiquero, esperando el tiempo de la carneada, para hacer chorizos y embutidos, en el invierno, ordeñaban la única vaca de la familia que prodigaba la leche que se utilizaba en la casa, regaba y carpían la quinta, donde producían abundante verdura y hortalizas, cuidaban los frutales y limpiaban el gallinero, de donde la familia se aprovisionaba de huevos y de carne de pollo, gansos, patos, pavos y otras variedades más, como algún avestruz, que daba carne y plumas para fabricar plumeros, lo mismo que las plumas de pato servían para hacer suaves y hermosas almohadas.


 Otros barrían el patio con una escoba casera, fabricada con rama de los árboles, acacias, eucaliptos. Sobre todo las mujercitas que también se ocupaban de todos los quehaceres de la casa. Hacer las camas, ventilar las habitaciones, barrer prolijamente el piso de tierra de la vivienda de adobe, apisonándolo, afirmándolo, con un poco de agua y un trapo de piso hecho con bolsa de arpillera, lavar la ropa en los grandes fuentones de chapa acarreando agua con los baldes desde la bomba y tenderla, en el tendal que se levantaba al fondo del patio, para que le sol y el viento la secara. Mientras una niña baldeaba la letrina con un líquido popularmente conocido como “fluido” o con lejía. Las paredes se pintaban con carburo que se obtenía juntando los deshechos de las soldaduras que realizaba el herrero y se diluía en agua. Con esta misma preparación se coloreaban las paredes de la casa, afuera de blanco, y dentro se recurría a la fabricación de colores caseros utilizando no sólo la imaginación sino inteligentes estratagemas, como desteñir productos naturales para crear anilina, para después proceder a la decoración generando un símil empapelado.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 24 de septiembre de 2023

Los Embajadores Alemanes - La Otra Tierra

Les traemos el primer material discografico de este grupo de Urdinarrain, Entre Ríos Argentina, que se denominan Los Embajadores Alemanes que realizan toda la musica tradicional alemana con polcas, vals, schots, chamame y otros estilos. En el disco se destacan los temas "Sacale el freno de mano" y "Suegro la devuelvo".
Album: La Otra Tierra.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 39.6 Mb.
Caratulas: Frontal.
Año: -.
 
01- Don Manuel.
02- Marchando hacia la aldea.
03- La otra tierra.
04- Polca del sapito.
05- Sacale el freno de mano.
06- La ponzoña.
07- Suegro la devuelvo.
08- Hertz polgen.
09- A mis abuelos.
10- Como rata por tirante.
11- Las tres aldeas.
12- El rodeo.
13- Dormir en tus brazos.
14- Deschalando maíz.
Descargar  Resubido

Dejá tus comentarios. Así nos dan fuerza para seguir subiendo discos.

domingo, 17 de septiembre de 2023

Nuestras madres eran mujeres sabias

 Mi madre me dijo que recordara el lugar de dónde vengo, la casa de adobe, la comida humilde, las reuniones familiares, las calles de tierra, las gentes sencillas, honradas y sinceras. Las personas buenas y trabajadoras. Los domingos de fiesta. Los días felices. También los días tristes.


  Para tener presente durante toda la vida que nada es para siempre y que después de cada tormenta siempre sale el sol y que aún en la noche más oscura, las estrellas nunca dejan de brillar y Dios nunca deja de protegernos.
Mi madre era una mujer sin estudios académicos pero tenía la sabiduría de la vida, esa sabiduría que no se enseña en la escuela ni en las universidades, esa sabiduría que solamente tienen ellas, las madres alemanas del Volga. 

Autor: Julio César Melchior

domingo, 10 de septiembre de 2023

Unvergessliche Melodien der Volksmusik '2003'

Les traemos este CD es una recopilación de musica tradicional alemana de los populares melodias de Baviera, Austria , tirolesa realizado por bandas de folclore y cantantes reconocidos con el nombre "Unvergessliche Melodien der Volksmusik". Compuesto por los interpretes Hippacher Trio, Alpenland Quintett, David, Vreni &Rudi, Alpentrio Tirol, Muhltaler Musikanten, Anni & Rosmarie, Hellberg Duo, Eva & David, Pucher Spitzbuam, Zillertaler Jodlertrio y Die Kasermandln aus Tirol.
Album: Unvergessliche Melodien der Volksmusik
Bitrate: 192
Tamaño del archivo: 65 Mb
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2003.
 
01- Die Berge sind mein Zuhause - HIPPACHER TRIO.
02- Grüne Tannen- ORIG. ALPENLAND QUINTETT.
03- Sag Dankeschön mit roetn Rosen - DAVID.
04- Unser Bernardiner - VRENI & RUDI.
05- Da drob'm Berg steht a Kircher - ALPENTRIO TIROL.
06- Schau das Alpenglühn - VRENI & RUDI.
07- Schneewalzer - MUHLTALER MUSIKANTEN.
08- Küfsteinerlied - ANNI & ROSMARIE.
09- Drei weiße Birken - HELLBERG DUO.
10- Die Kloane Tür zum Paradies - EVA & DAVID.
11- Der alte Jäger - ORIG PUCHER SPITZBUAM.
12- Herzilein - VRENI & RUDI.
13- Achenseelied - ORIG. ZILLERTALERJODLERTRIO.
14- Zillertaler Hochzeitzmarsch - CASANOVAS AUS DEM ZILLERTAL.
15- Karwendellied - DIE KASERMANDELN AUS TIROL.
16- Warum bist du gekommen - ALPENTRIO TIROL.
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domingo, 3 de septiembre de 2023

Al amanecer el carnicero, panadero, almacenero, entre otros, salían con sus carritos a vender a domicilio

 Al amanecer la colonia se llenaba de carros y gritos de personas pregonando sus productos. Por las calles de tierra, pasando frente a las casas de todos los vecinos, en algunos ingresando a los patios para tomar unos mates o probar un Kreppel recién elaborado, el carnicero, panadero, lechero, el verdulero, almacenero a veces, se sumaba el papero, algún frutero con manzanas frescas de alguna huerta de las cercanías de la colonia, todos con carros especialmente acondicionados para sus respectivos menesteres.
Las amas de casa salían a la vereda a comprar la carne con un plato o una bandeja, según la cantidad de comensales que componían la mesa familiar o lo que la cocinera ese día tuviera planeado cocinar. Siempre llevando en mano, la infaltable libreta en la que registraba la compra diaria, que se cancelaba al final de cada mes. También existían excepciones, con familias que recién abonaban la deuda al terminar el año, después de la cosecha.


 El carnicero llevaba en su carro, realizado en chapa, de forma abovedada, para proteger los productos de la intemperie, todos los cortes colgados al costado, en los ganchos, y algo fino en las cajoneras para los clientes especiales. El serrucho en la ranura de un improvisado mostrador, colocado en la parte trasera, desde donde se despachaba los cortes, la balanza colgada del techo, dos o tres cuchillos con buen filo, algunas chairas…
No había día de tormenta ni aguacero que los detuviera. Tampoco jornada de excesivo calor. Jamás dejaban de cumplir con los clientes. La carne para el almuerzo no debía faltar y el pan diario tampoco. Lo mismo que los productos de almacén. El comerciante era fiel con sus clientes y los clientes fieles a su comerciante y la palabra era ley.

Autor: Julio César Melchior

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