domingo, 30 de agosto de 2020

Palabras en memoria de los antiguos relojes despertadores

Estos relojes estuvieron al lado de las camas o sobre algunos de los aparadores de los hogares de las cocinas durante muchas décadas, marcando, con su tic tac, no solamente el paso de las horas sino también enmarcando el devenir cotidiano de las tareas diarias.
Había hogares en los que había dos, uno en la cocina y otro en la habitación, del lado de la cama en la que se acostaba el dueño de casa, y otro en la cocina, sobre algún mueble, que compartía toda la familia.
En otros hogares solamente había uno, que de día estaba en la cocina y de noche, en la pieza, pasando a cumplir la tarea de reloj despertador. Durante el día prestaba servicios a la ama de casa, que lo usaba para controlar los horarios de la rutina familiar, las comidas, desayunos, cenas y almuerzos y otros menesteres culinarios.



Y finalmente, también había casas de familia, en donde no existía ninguno. Porque este tipo de reloj despertador era un bien caro y, por lo tanto, preciado. Hubo épocas en las que era casi imposible que una familia pudiera pensar en tener aunque más no sea uno. Tal vez, unos pocos, tuvieran la suerte de poder adquirir uno usado.
Los que no tenían reloj, porque no podían adquirirlo, y tampoco poseían el clásico y tradicional reloj de pared, que era considerado una importante herencia familiar, se guiaban con el toque de campanas de la torre de la iglesia, como en los viejos tiempos.
Nuestros abuelos atesoran miles de recuerdos que tienen como protagonistas centrales a estos antiguos relojes despertadores. Todo un símbolo de una época que en la actualidad forma parte de nuestra historia, al igual que todos los momentos extraordinarios que rescato en mi libro "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga".
Cada uno de estos viejos relojes guarda en sus almas, el recuerdo vivo de sus dueños y de las familias en las casas en las que estuvieron durante años, compartiendo sueños y esperanzas, tristezas y alegrías.
Sepamos ver en ellos el recuerdo de muchos seres queridos que hoy ya no están pero que nos regalaron muchas horas felices de sus vidas y nos llenaron el alma de enseñanzas y ejemplos de vida.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 23 de agosto de 2020

Bruno Gress - Stimmung Schwung und frohe Laune '2012'

Album: Stimmung Schwung und frohe Laune.
Bitrate: 192.
Tamaño del archivo: 77.0 Mb.
Caratulas: Frontral.
Año: 2012.
 
01- Penzinger-Polka. 
02- Wir sind Bajuwaren    
03- Blumen aus den Bergen   
04- Patrona Bavariae  
05- Der dritte Mann  
06- Mama geh bitte schau oba  
07- Ich träume nur von Rio
08- Daglfinger Parademarsch   
09- Lausbuam war'ma, Lausbuam bleib' ma   
10- Einer hat immer das Bummerl
11- Zillertaler Hochzeitsmarsch
12- I flipp aus.   
13- Bayern-Reggae-Jodel-Song (Rasta Sepp)
14- Am Alpenrand
Descargar 

domingo, 16 de agosto de 2020

Historia de doña María, una abuela alemana del Volga

Doña María cuenta que nació en 1943 en una pequeña casita de adobe y que su madre la trajo al mundo sin la ayuda de ninguna partera ni médico, como era común por aquellos años. La encargada de asistir a todos los partos y ayudar a dar a luz a las mujeres, era la suegra, que a fuerza de presenciar nacimientos había adquirido cierta experiencia. Los bebés nacían en casa y en alguna habitación alejada de los demás niños. A quienes se le decía que el nuevo hermanito había nacido de un repollo en la quinta, que lo había traído la corriente del agua del arroyo o que algún personaje, al pasar, lo había dejado en la casa, al cuidado de la familia.



También cuenta que tuvo doce hermanos y que la casita de adobe en la que nació y vivió hasta que se casó, a los quince años, solamente tenía una cocina y dos habitaciones. Y que el piso era de tierra. Los muebles muy escasos. Que lo más caro e importante que tenían era la cocina a leña. Todos los muebles los fabricó su padre en los tiempos libres que le dejaba el trabajo en el campo. También cuenta que faltaban camas pero que nunca nadie se quejó, que tuvo una infancia feliz. Sostiene que mientras iban naciendo más hijos, los más grandes ya se iban a trabajar a otros campos, con otros patrones, sobre todo los hombres, y las mujeres, generalmente se enviaban a trabajar a la ciudad, de sirvientas. "Antes -acota- los hijos teníamos que empezar a trabajar a los nueve o diez años para ayudar a mantener a toda la familia". Eso hizo que solamente los tres hermanos menores pudieran asistir a la escuela y completar la primaria. Los demás, apenas aprendieron a leer y escribir gracias a que la madre pudo enseñarles los rudimentos básicos para leer la Biblia y rezar.
"Vivíamos humildemente" -reconoce- "pero no éramos pobres porque nunca nos faltó un plato de comida ni tampoco jamás pasamos hambre. Mamá se las ingeniaba con lo que tenía a mano para que todos sus hijos crecieran fuertes y sanos. Ella criaba gallinas, patos, gansos, tenía una quinta de verduras, que todos ayudábamos a regar, y un cerdo siempre listo para la carneada. Se hacía chorizo dos o tres veces al año. Y el dulce casero, la manteca casera, al igual que los quesos y la miel, no faltaban nunca. Mi madre se levantaba a las cuatro de la mañana, junto con mi papá. Amasaba y horneaba el pan diario. Después ya comenzaba la jornada de cada día. Mientras mi padre se iba a arar, mi madre y mis hermanos ordeñaban las vacas".
"Yo empecé a ordeñar a los nueve años. Hacía un frío tremendo. Helara o lloviera, a las vacas había que ordeñarlas, porque de eso dependía no solamente nuestro sustento diario sino el ingreso de un dinero extra, porque el excedente de leche se vendía. Al igual que mamá vendía huevos, gallinas, patos, gansos. Vendía de todo! Nuestra casita estaba casi a las afueras de la colonia, eso permitía a las gallinas vagar libremente. Aunque antes, todo el mundo tenía gallinas y cerdos. A nadie le molestaba. La gente era más comprensiva y más solidaria" -sostiene.
"A la escuela fui solamente hasta segundo grado. En realidad, mucho no me gustaba. Las maestras eran muy severas. Ante cualquier error enseguida recurrían al puntero. A mí una vez me pegaron tanto sobre los dedos que me dolieron durante una semana entera. Encima tenía que fingir para que no se dieran cuenta en casa, porque si no también me hubieran castigado. Antes, el maestro siempre tenía razón. Fue difícil ordeñar con los dedos doloridos. Pero qué iba a hacer?".
"Dejé la escuela y me mandaron a trabajar cama adentro a casa de un matrimonio que tenía diez hijos. Yo tenía que cocinar, lavar y planchar, porque ellos tenían una tienda".
"Allí estuve hasta que me casé. Todavía era muy joven cuando conocí a mi marido. Él era amigo de mis hermanos. Nos gustamos y decidimos casarnos. Nos fuimos juntos a trabajar al campo, al día siguiente de habernos casado. No había dinero para fiesta de casamiento. Sí, tuve mi vestido blanco y una cena familiar en casa de mis padres. Uno de mis tíos tocó el acordeón. Se armó un lindo baile".
"Después fueron naciendo mis seis hijos. Dos pudieron terminar la secundaria. Los otros, lamentablemente, solamente la primaria. Siempre hubo tiempos difíciles. Sobre todo en el campo y para los peones. Cuando nos jubilamos nos vinimos a vivir a la colonia. A la casita que fuimos construyendo con mucho esfuerzo. Y aquí estamos, los dos solitos. Todos mis hijos se casaron e hicieron su vida. Algunos están lejos, otros cerca. Últimamente nos vemos poco. Es difícil que puedan coincidir todos. Así es la vida" -concluye doña María. "Y uno debe tomarla como venga".

Autor: Julio César Melchior

domingo, 9 de agosto de 2020

Los Binder - 100% Bailable '2019'

Album: 100% Bailable
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 34.8 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera.
Año: 2019.
Sonido: Excelente.
01- Polca Popular
02- Selecciones de vals
03- Ella quiso quedarse
04- En Munich hay una Cerveceria
05- La posta
06- La Pupera de Maria - Don Gollo
07- Mi Ponchillo colorado
08-  Chiquita polka
09- Corazón mio - Cuando brilla la luna
10- Virus de Pasion - Que calor de locos
Descargar

Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez  por compartir esta material

domingo, 2 de agosto de 2020

Recuerdo de las carneadas de antaño, en las que colaboraban toda la familia y los vecinos

Las carneadas para consumo familiar empezaban casi de madrugada, cuando se encendía un gran fuego para calentar el agua que se iba a usar para limpiar el cerdo y todos se aprestaban para la faena preparando, cada uno, sus utensilios, herramientas y elementos de trabajo. La actividad era ocasión propicia para reunir a familiares, amigos y vecinos, que se acercaban a la casa a colaborar, transformando la carneada, que duraba dos o tres días, en un gran encuentro social, con música incluida, y suculentas comilonas. Nadie se negaba a aportar su granito de arena, porque el trabajo era mucho y debía llevarse a cabo durante un fin de semana, para no interferir en las labores rurales. Además, era una costumbre establecida, que todos los que ayudaban, se llevarán como obsequio carne y morcillas y chorizos para probar.
El proceso de la carneada comenzaba varios meses antes, cuando la familia adquiría un lechón, que era criado en el chiquero, que el padre construía en el fondo del patio con maderas y alambre tejido, generalmente en desuso, y era alimentado con las sobras y desperdicios de los alimentos que se consumían en el hogar y, ocasionalmente, se le agregaban cereales o forrajes que se obtenían de algún chacarero conocido.


Cuando el animal alcanzaba la mayoría de edad y el peso deseado, entre los doscientos kilos, un poco más, un poco menos, se tomaba la decisión de sacrificarlo, junto con un vacuno que se compraba para ese menester, para abastecer los sótanos de chorizos y jamones para pasar los crudos y fríos inviernos.
Generalmente la carneada se llevaba a cabo durante un fin de semana, para evitar que la misma interrumpiera el normal desarrollo de las actividades rurales, y participaban no solamente todos los integrantes de la familia sino parientes y vecinos.
El cerdo se degollaba con precisión, insertando el cuchillo en medio de la unión de la cabeza y el cuello, para lograr el desangrado. La sangre se recogía en un recipiente, que se colocaba debajo de la incisión, sin dejar de removerla para evitar que se cuaje. La misma se utilizaba elaborar la morcilla negra o blutwurst.
Una vez muerto el animal, se procedía a colocar el cerdo sobre una mesa para escaldarlo o pelarlo, es decir, quitar con abundante agua hirviendo, raspando con cuchillos y, a veces, la ayuda de otros utensilios, los pelos que recubren la piel hasta dejarla totalmente lisa y limpia.
El paso que seguía es el desposte, que no es otra cosa que descuartizar el cerdo clasificando y separando los diferentes cortes de carne de acuerdo al uso que se le iba a dar, por ejemplo, entre muchos otros, las patas para elaborar el jamón, y buena parte de las vísceras, el hígado, los riñones y diversos elementos de la cabeza del cerdo (como la lengua), que se cocinaban para formar parte de las morcillas, blanca y negra, y el queso de chancho. Porque todo se aprovechaba. Nada se tiraba.
Finalizado el proceso de fragmentación comenzaba el deshuesado (minucioso trabajo de limpieza de los huesos), cortando la carne en trozos pequeños para luego pasarlos por la picadora, condimentarlos en base a una receta que cada familia mantenía en riguroso secreto, y amasarlos con las manos en una enorme batea construía de madera, y empezar a elaborar los chorizos, sin olvidar que también se le agregaba carne de vaca a la preparación con la que se hacían los chorizos para secar, porque conjuntamente con el cerdo, también se carneaba un vacuno.
El armado de los chorizos se llevaba a cabo con tripas (generalmente de vaca) y una máquina que se llama embutidora. Las tripas son de varios metros, estas se cortan para dar el tamaño de rosca o chorizo.


Terminada la faena, los chorizos para secar, la morcilla negra, la morcilla blanca y los jamones, se colgaban del techo de los sótanos o en galponcitos especialmente acondicionados para este menester.
Además de todos estos clásicos embutidos, también se elaboraba Kalra y se derretía grasa, que luego era guardada para preparar la comida a lo largo del año, y los chicharrones obtenidos de su derretido, se incorporaban en el amasado de pan que se horneaba en la cocina a leña o en el horno de barro. Con la grasa, asimismo, se cocinaba jabón para lavar y que, en definitiva, se usaba para todos los quehaceres domésticos.
Lo habitual era que las familias carnearan dos veces al año pero, también había, pocas, es cierto, que lo hacían tres veces al año.
Si bien es cierto que esta costumbre se ha ido perdiendo, también es cierto, que en muchas colonias y aldeas, como en muchos campos, todavía se conserva y de desarrolla tal cual como en los viejos tiempos.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 26 de julio de 2020

José Afinic y su Grupo Nueva Flor - Decime Dónde y Cuándo '2013'

“Tocábamos música del Litoral, chamamé, polka, paso doble, los valses más conocidos como ‘Desde el alma’, ‘Ciudad de Córdoba’. También música tradicional alemana, paraguaya, kolomeika”, enumeró José Afinic (55) para referirse al repertorio que en la década de 1980 presentaba con su conjunto Nueva Flor en fiestas de toda la zona. Eran eventos multitudinarios de 800, 900 personas, muchas de ellas en la zona de colonias del sur de Misiones, San José, Azara

Album: Decime Dónde y Cuándo.
Bitrate: 192.
Tamaño del archivo: 58.0 Mb.
Caratulas: Frontral.
Año: 2013.
01- Musiquero y Albañil
02- La Polkita del Trombón
03- La Gente Quiere Bailar
04- Kolomeika Popular
05- Por Favor, Decime Que Si
06- No Hay Caso
07- El Yaré
08- Golosinas
09- Kolomeika Popular Uno
10- Decime Dónde y Cuándo
11- Bohemio y Soñador
12-Abaraja Esa Empanada
13- Mate Dulce o Mate Amargo
14-  Siglos Han Pasado
Descargar

domingo, 19 de julio de 2020

El abuelo Pedro y su infancia en el campo

El reloj marcaba las cuatro de la mañana. Don Pedro, por aquel entonces un niño de nueve años, andaba a oscuras y a tientas, pisando escarcha, reuniendo los caballos en el potrero, detrás de la casa. Tenía que reunirlos a todos, más de veinte, antes de que aparecieran su padre y sus hermanos, listos para salir al campo a arar. Don Pedro no solamente debía encontrarlos en la oscuridad, porque apenas brillaban algunas estrellas, y hacía un frío insoportable, que helaba las orejas y la nariz, sino que tenía que sujetarlos a los arados respectivos, que, por aquellos años, eran tirados por caballos.
Mientras él cumplía con su tarea diaria, sus padres, mamá y papá, juntos con sus hijos e hijas, que iban desde los diez hasta los dieciocho años, ordeñaban las vacas, sentados bajo la intemperie, con las manos coloradas y la cara ardiendo del tremendo frío que hacía.
Don Pedro, actualmente con casi noventa años, recuerda que, sin embargo, nadie se quejaba. "Es más -afirma-, mi padre silvaba mientras ordeñaba y mis hermanos hacían bromas y competían para ver quién de todos ordeñaba más vacas lecheras".



"Mis padres seguramente estaban felices porque lo tenían todo" -sostiene-. Tenían trabajo, que les proveía casa y comida, y un sueldo. Ellos pudieron criar a sus once hijos sin problemas. Porque vivimos en ese ranchito de adobe hasta que todos los hijos se fueron casando y mis padres se jubilaron. Me acuerdo que era una casita muy precaria, con una cocina y dos habitaciones. Después mi padre levantó otra, con sus propias manos, cuando empezaron a llegar más hijos. Había un galpón de chapa, demasiado chico para guardar todos los enseres rurales. Un molino, donde buscábamos agua para consumir, cocinar, bañarnos, lavar la ropa, que quedaba a más de cien metros de la casa. Todos los días había que arrastrar agua con los baldes para lavar la ropa y cocinar. Y todas las mañanas íbamos al molino a lavarnos las caras al despertarnos. Teníamos quinta de verduras. Había un horno de barro. Mamá hacía un pan riquísimo, que untábamos con manteca casera y miel.
“Mis padres carneaban dos veces al año -continúa Don Pedro. No sé cómo se las arreglaban para llevar a cabo todo el proceso con la ayuda de sus hijos solamente. Porque estábamos muy lejos de la colonia. Nadie, ningún amigo o pariente, estaba cerca para colaborar. Pero, sin embargo, nunca nos faltaron el chorizo, las morzillas, el jamón, el jabón casero. Mamá hacía manteca y quesos. Mis padres no compraban casi nada. Solamente harina, yerba, azúcar y alguna otra cosita más. Todo se hacía en casa. Con alegría. Mi padre sabía tocar la acordeón. De noche, si el cansancio lo permitía, después de cenar y leer la Biblia en familia, papá tocaba y todos cantábamos bajo la luz de un farol a kerosén, en la pequeña cocina de adobe, calentada por una cocina a leña, que se mantenía encendida con bosta de vaca. Bosta de vaca que juntaban en el campo, durante las tardes, mamá con mis hermanos menores.
"Tuve una hermosa infancia. Unos padres increíbles. Éramos felices y estábamos agradecidos a Dios por lo que teníamos. Nunca nos faltó nada" -concluye Don Pedro.

Investigación histórica y redacción: Julio César Melchior

domingo, 12 de julio de 2020

R.V. Show - Mi chica bombon

Album: Mi chica bombon - Volumen 04.
Bitrate: 192.
Tamaño del archivo: 75.0 Mb.
Caratulas: Frontral.
Año: -.

01- Mi chica bombon
02- Cuando me fui al baile
03- Mensaje al cuñado
04- Ya no eres chiquita
05- Ex enamorado
06- Nuestro amor prohibido
07- Si no vas a volver
08- Baile y cerveza
09- El vampy 
10- Me case con la rubia
11- Fritz y Frida
12- Oktober fest en 25 de mayo
13- Estoy enamorado
Descargar

domingo, 5 de julio de 2020

El abuelo les cuenta a sus nietos que tuvo una infancia muy feliz

-Abuelo, cómo fue tu infancia? -pregunta su nieto Mauro, sentado a su lado, comiendo galletitas de chocolate rellenas. Mamá siempre me cuenta que cuando ustedes eran chicos no había nada, solamente pobreza.
-No!, Mauro -contestó el abuelo. Éramos humildes, es verdad, pero no pobres. Nunca nos faltó un plato de comida ni tampoco nos faltó ropa para vestirnos decentemente. La abuela se las ingeniaba para cocinar rico con lo que había y ella misma cosía la ropa para todos. La comida elaborada con ingredientes austeros, es verdad, pero esos ingredientes eran aprovechados con sabiduría y cocinados sobre la cocina a leña, que buscábamos en el arroyo. "También comíamos pan casero horneado en el horno de barro. Era una época en que no sobraba nada y nuestras madres tenían que recurrir al ingenio para preparar todos los días una comida diferente con los mismos ingredientes, producidos mediante un trabajo, esfuerzo y sacrificio, que requería de una voluntad y un amor inquebrantables -continuó contando el abuelo.
"La mayoría de esos ingredientes -agregó-, se producían en el amplio fondo que poseían las viviendas, donde nuestros padres criaban todo tipo de aves domésticas, desde gallinas, patos, pavos y un sin fin de variedades plumíferas. Engordaban un cerdo para la carneada, tenían una vaca lechera, que les daba leche, manteca y queso, una huerta enorme, que era el punto de partida para elaborar chucrut, pepinos en conserva y varios embutidos más, abundante cantidad de árboles frutales que producían la fruta para cocinar dulces.



"Pero no crean, al escuchar esto, que nuestra infancia fue triste. No. Nuestra infancia no fue triste. Fue humilde, es cierto; pero no triste. Tampoco fuimos pobres. No tuvimos grandes lujos ni podíamos comprarnos las cosas que otras familias adineradas si podían; pero nunca nos faltó un plato de comida ni jamás pasamos hambre. Mamá cocinaba muy rico. Se las ingeniaba para preparar las comidas más sabrosas que pudieran existir. Con un poco de harina, levadura, agua, sal y verduras, se mandaba los Wückel Nudel más ricos del mundo. Mis hermanos y yo terminábamos limpiando el plato untándolo con pan, para no dejar ni rastros del menú. "Tanto nos gustaba lo que cocinaba mamá. Por eso repito: fuimos humildes; pero no pobres. Y en nuestra casa nunca faltó la alegría. Mamá hacía las cosas de la casa cantando y papá silbaba a toda hora mientras trabaja la tierra. Fuimos lo que se dice, una familia feliz" -remarcó el abuelo, orgulloso de pasado, mientras sus nietos Ruben y Mauro, que lo escuchan con mucha atención, miraban de reojo el celular, sin perderse un detalle de los mensajes que iban ingresando vía WhatsApp.
Ruben tenía doce años y Mauro había cumplido quince. Mientras su otra nieta, sentada un poco más lejos, tenía veinte, y se llamaba Lucía.
-Me gusta escucharte, abuelo -dijo Lucía sentándose más cerca del abuelo. Es tan lindo saber de cómo era la vida de ustedes. Mamá cuenta poco. Siempre se queja de que había mucha pobreza. Que no vale la pena recordar cosas tristes. Por eso yo estoy leyendo los libros "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga" y "La infancia de los alemanes del Volga", de Julio César Melchior. Son muy buenos libros. Leyendo me estoy enterando de muchas cosas, abuelo.
El abuelo suspiró contento y orgulloso. Al menos uno de sus nietos se interesaba en su pasado. Porque lo que eran Rubén y Mauro, ya estaban en otra cosa, chateando con sus amigos virtuales, mirando la pantallita del celular.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 28 de junio de 2020

Grupo Astral - Imparable acordeon vol 2 '2012'

Album: Imparable acordeon vol 2. 
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 44.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2012
Sonido: Excelente.
01- En er mundo
02- Ilusion de mi vida
03- Castillos en el  aire
04- Nocturna
05 - 11- Ole Castañuelas - Tu malvom - Deci porque no queres - Abismo - El Superman - Siga el baile - El camdombe Sabalero
12- Galopando
13-14- Balada a una trompeta - Cancion del linyera
15- Polca tradicional
16- Tarantela napolitana
17- Pasodoble te quiero
18- Susurrando
Descargar

domingo, 21 de junio de 2020

Un típico hogar alemán del Volga

Cuando era niño en la colonia, vivía en una casa de adobe, con las paredes pintadas a la cal, y paja seca sobre el techo.
Había una cocina a leña antigua, una mesa larga de madera, mi madre amasaba Kreppel y mi padre trabajaba en el campo.



Mi hermana y yo jugábamos en el fondo de un patio inmenso, dónde el abuelo tenía una quinta y la abuela un pequeño gallinero.
También había árboles frutales, un galponcito de chapa, un chiquero con un cerdo, y una letrina, allá lejos.
Nada nos faltaba para comer, tampoco nada nos sobraba, éramos una familia feliz con lo que Dios nos había dado.


Autor: Julio César Melchior

domingo, 14 de junio de 2020

Pablo y su Grupo - El color de tus ojos '2018'

Album: El color de tus ojos. 
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 42.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2018
Sonido: Excelente.
01- Si no es muy tarde
02- Siempre te voy a querer
03- El color de tus ojos
04- Seleccion vanerao
05- Me esta gustando
06- Seleccion de chamame
07- Xotes (en vivo)
08- Enganchado cervecero (Vivo)
09- Dime la verdad
10- Enganchado de bandinhas (Vivo)
11- Enganchado de sertanejos (Vivos)
12- Corridos
13- Millonario de amor
14- Y me quede suspirando
15- Isso nao e amor
16- Besos nuevos
Descargar

domingo, 7 de junio de 2020

La vida cotidiana de la abuela durante la cuarentena

La abuela recorre la casa desde temprano, corriendo cortinas, abriendo ventanas, ventilando las habitaciones, despertando a todo el mundo a desayunar, haciendo las camas inmediatamente, recogiendo ropa para lavar, llevándola afuera para arrojarla dentro de su enorme fuentón antiguo, de chapa, fabricado hace decenas de años por un vecino de la colonia que se daba maña para esos menesteres.
Luego regresa con un balde de agua, llenado en la bomba, un trapo de piso, y se dispone a lavar cada rincón de la vivienda, mientras sus hijos y los nietos, se sientan semidormidos, refunfuñando en secreto, a desayunar.


El reloj marca las siete de la mañana. Tardísimo para levantarse, según el criterio de la abuela, y tempranísimo, aún de madrugada, según opinión de sus hijos y nietos. Que no pueden comprender de dónde saca la abuela tanta energía y voluntad para levantarse, desayunar unos mates con pan, manteca y miel, y ponerse a trabajar enseguida en sus quehaceres domésticos. Que también incluyen preparar sabrosos platos tradicionales que heredó de su madre y esta, a su vez, de la suya, pasando por infinidad de generaciones, para el almuerzo y la cena. Sin olvidar los típicos Kreppel para la hora del mate.
Nada la saca de su rutina. Ni siquiera la cuarentena. Ella ama su hogar. Ella ama su vida. Ella es feliz con lo que es y con lo que tiene. Y aún en este momento que, pese a estar atravesando una situación de angustia, como le sucede a cada vecino de la colonia y a cada ser humano del mundo, ella es feliz porque puede disfrutar de todos sus seres queridos en casa, junto a ella, viviendo bajo el mismo techo, compartiendo la vida cotidiana en familia, como antes, cuando sus hijos eran niños. Porque para la abuela su hogar y su familia, es lo más importante. Porque la abuela es pura ternura, puro amor.

Autor: Julio César Melchior

domingo, 31 de mayo de 2020

Banda Musical Germanica '1994'

Album: Banda Musical Germanica . 
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 42.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 1994
Sonido: Excelente.
01 - Tanzen In Fest
02 - Suesse Klaenge
03 - Am Golf Fon Biskaia
04 - Moldaumadel
05 - Meu Luar
06 - Ach Ich Von Kussel
07 - Die Schoene Urlaubzeit
08 - Heimveh
09 - Pout Pourri Alemão
10 - Der Zauber
11 - Sterne In Der Heimat
12 - Doppel Adler
Descargar

domingo, 24 de mayo de 2020

Eran otros veranos, los veranos de nuestra niñez

Durante el verano, a las mañanas, bien temprano, con el amanecer, y al atardecer, junto con el sol que se iba a dormir en el horizonte, las madres y los niños de la casa, sin importar edad ni sexo, regaban la huerta, llevando y trayendo enormes baldes desde la bomba de agua hasta la quinta. Las verduras y hortalizas florecían y producían por doquiera. Había abundante cantidad de tomates, pepinos, zapallitos, lechuga, repollo, decenas y decenas de cosas ricas que mamá y la abuela transformaban en sabrosas comidas o ensaladas o en conservas y dulces que almacenaban en los sótanos para el invierno. Me acuerdo del dulce de zapallo y tomate, entre varios otros, que cocinaban sobre la cocina a leña y envasaban en frascos de todos los colores y tamaños que juntaban a lo largo del año para estos menesteres.




Los niños y las niñas ayudábamos sin quejarnos ni lamentarnos jamás. Para nosotros nunca representó un trabajo regar la quinta todas las mañanas y todas las tardes. Lo tomábamos como una obligación, es cierto, pero también como un juego, un momento en que todos los hermanos estábamos juntos, con mamá y, a veces, también con papá, riendo, conversando, en ocasiones haciendo travesuras, como arrojarnos un balde lleno de agua. Todavía la recuerdo a mamá retando a mi hermano porque me empapó o porque me puso el pié mientras corríamos hacia la bomba compitiendo para ver quién llegaba primero para sacar agua y volver a llenar el balde.
Eran otros veranos, los veranos de mi niñez. Iguales a los de muchos de ustedes que leyeron estas líneas… ¿No es cierto?

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...