Este sitio fue creado con el fin de difundir la música del volga y algo más, con esto no fomentamos la piratería ni buscamos ningún fin económico, solamente creamos un sitio para que todas las personas que aman el género puedan disfrutar de un montón de artistas. Haciendo valer el derecho de de libre expresión. APOYA A TUS ARTISTAS COMPRANDO SUS DISCOS ORIGINALES Y ASISTIENDO A SUS BAILES... GRACIAS!!!
domingo, 27 de diciembre de 2020
Los Tres Inmigrantes - Gastando Alpargatas '2000'
domingo, 20 de diciembre de 2020
Quién se acuerda de esta tradición de Año Nuevo: Wünsche gehen?
“Cuando éramos niños, el día de Año Nuevo era para nosotros una jornada de fiesta” -recuerdan los más ancianos de la colonia. “Salíamos a visitar a toda la parentela vor wünsche (para desear feliz Año Nuevo). Entrábamos en todas las casas para desear un feliz comienzo de año a todos los integrantes de cada familia, y ellos, a cambio, nos obsequiaban masitas caseras, unas golosinas, escasas en aquel tiempo, y un poco de dinero, cuando había. Para los niños humildes de la colonia era, quizás, la única fecha del año en que recibían una golosina. Por eso no dejábamos de visitar ningún pariente ni amigo. Con cada regalo armábamos un paquetito que llamábamos Pindle: poníamos las golosinas en el centro de un pañuelo y uníamos sus cuatro puntas mediante un nudo”.
Así comenzaban Año Nuevo los niños de la colonia
El primer día del año los niños se levantaban bien temprano a la mañana, casi con el amanecer, para saludar a sus padres deseándoles feliz año nuevo, recitando un poema varias veces centenario y de autor desconocido, que dice así: Vater und Mutter ich wünsche euch glückseeliges neusjahr, langes leben und Gesundkeit; frieden und einigkeit und nach eren Tod die ewige klückseeligkeit”. “Das wüsnsche mir dir auch”, respondían mamá y papá mientras les obsequiaban algún presente.
Cumplido este ritual, los pequeños salían a visitar a parientes y amigos para también desearles la felicidad en el año nuevo que comenzaba. Pero esta ocasión el poema era otro: glück und segen / auf allen Wegen! / Frieden im Haus / jahrein, jahraus! / In gesunden und kranken Tagen / kraft genung, Freud und Leid tragen! / Stets im Kasten ein stücklein Brot, / das geb’ uns gott!
Al finalizar la jornada todos los niños de la colonia, sobre todo los más humildes, se sentían dichosos con la enorme cantidad de regalos que lograban reunir tras una larga jornada de “trabajo”, visitando tíos, abuelos y demás parientes
Autor: Julio César Melchior
domingo, 13 de diciembre de 2020
Banda Estrella - Recuerdos de las Colonias '2004'
Album: Recuerdos de las Colonias.
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 39.9 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera.
Año: 2004.
Sonido: Excelente.
01- Recuerdos de las Colonias.
02- Vals Suizo.
03- Schotis tradicional
04- Polka del pelado.
05- Camino a Valle Maria
06- De Fiesta en la Aldea.
07- Choriseadas Alemanas
08- Se Aprende sufriendo.
09- Alma de Inmigrante.
10- Herencia de Abuelos
11- Recopilacion de Serafin
12- Chiquita Polka.
Descargar Resubido
Agradecimiento Especial a Pedro colaborador del Programa El Carro Verde por compartir este material.
domingo, 6 de diciembre de 2020
Historia de los juntadores de maíz alemanes del Volga
Hace muchos años existía una tarea rural muy sacrificada para los alemanes del Volga: der "Belschkanpreger" (el cosechero o juntador de maíz a mano), que desapareció cuando empezaron a surgir las primeras cosechadoras con plataforma maicera. De esta tarea anual, que comenzaba a finales de marzo y se prolongaba durante varios meses, participaba toda la familia. Los mayores de Pueblo Santa María aún recuerdan con nostalgia cómo partían caravanas de más de diez carros a "juntar maíz". Los niños dejaban la escuela pendiente hasta su regreso. Las casas se cerraban con llave y toda la familia se hacía al camino, siguiendo el derrotero de la cosecha de maíz. La mayoría recorría varias zonas y partidos del país, yendo de estancia en estancia. Durmiendo debajo de los carros, que se estacionaban a la intemperie, cerrando sus costados con las mismas chalas de maíz o chapas o lonas, formando una especie de dormitorio. La comida se cocinaba sobre un fogón. Eso significaba pasar frío, a veces, demasiado. Sobre todo cuando se producían heladas muy fuertes. También sucedía que en el trayecto nacieran niños o murieran integrantes del grupo familiar.
Don Miguel Lambrecht cuenta que "los juntadores de maíz usaban un cinto de tela de bolsa de arpillera, con ganchos para sostener la maleta de lona de dos metros de largo, como se llamaba a la bolsa donde se arrojaba el choclo que se cortaba de las plantas de maíz. La maleta se llevaba entre las piernas. Cuando una maleta se llenaba podía llegar a pesar unos 30 kilos -afirma.
"Después -continúa don Miguel-, se cargaban en una chata para llevarlas hasta la troja, hecha con cañas y chala de maíz.
"Para desprender el choclo de la planta se usaba una aguja y un montador para no lastimarse demasiado los dedos y las manos. Había que ser rápido para cortar y tirar dentro de la maleta el choclo porque cuánto más bolsas llenabas por día, más ganabas. Era un trabajo duro pero, una vez que te acostumbrabas, no había problema.
"Salíamos en carro de la colonia -agrega don Miguel-. Toda mi familia: mi esposa, mis hijos y mis suegros, con algún cuñado. Íbamos en caravana de muchos carros. A veces, llegábamos hasta alguna estancia cerca de la Capital.
"Era un trabajo hermoso. La alegría de estar todos juntos. Fue una época maravillosa de mi vida" -sostiene con nostalgia don Miguel.
Autor: Julio César Melchior
domingo, 29 de noviembre de 2020
9° Oktoberfest - Igrejinha '1996'
Album: Igrejinha
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 47.8 Mb.
Caratulas: Frontal
Año: 1996.
Sonido: Excelente.
domingo, 22 de noviembre de 2020
¡Cómo olvidar nuestra niñez!
Como olvidar esos juegos, en esos fondos inmensos que tenían los patios de nuestros padres, con el Nuschnick a 30 metros de la casa, el gallinero, el chiquero, para trepar los techos cuando papá no nos veía, la huerta para hacer alguna travesura durante la siesta, los árboles frutales, para trepar buscando nidos de pájaros, y un universo inmenso de fantasía. Nosotros jugando en la tierra, abriendo caminos, construyendo puentes, fabricando carros y automóviles con maderitas, latitas, chapitas, clavos y un martillo que le birlábamos a papá, sin que se diera cuenta. También corríamos por los pastizales jugando a los vaqueros, imitando los sonidos de sus pistolas, montados en palos de escoba; o marcando la Z del Zorro por doquiera.
De vez en cuando buscando lombrices cerca del canal por donde corría el agua que salía de la pileta de la bomba, para ir a pescar al arroyo que queda a pocos metros de la colonia, para terminar casi siempre pescando cantores o algún pececito ínfimo, que terminábamos llevando a casa en algún tarro con agua del arroyo. A veces nos “perdíamos” en algún potrero arrancando choclos para llevarlos a casa y cocinarlos en alguna olla oxidada que, también, encontrábamos por ahí. Haciendo una fogata que otra que los piratas del Caribe. Juntábamos todas las ramas secas que había, troncos, lo que encontrábamos para que las llamas fueran abundantes. Todo eso en pleno verano. Terminábamos colorados, medio cocinados de frente. Siempre había alguien a quien se le ocurría correr a casa y buscar una pava, sin que su madre se entere, otro que salía corriendo a buscar yerba, otro azúcar, otro el mate, algún otro pan, y terminábamos merendando. A veces éramos más de una docena de niños. Podrán imaginar ustedes la sorpresa de esa pobre madre cuando veía su pava nuevamente: negra quedaba, ni limpiándola con detergente, lavandina y virulana y la esponja de acero juntos, volvía a quedar como antes. Por supuesto, que también estaba el fútbol, y cualquier pelota venía bien: de trapo, de plástico, de goma pero casi nunca, de cuero. Eso sí, algún balón o terminaba dentro del pozo ciego del baño, porque alguno de nosotros olvidaba cerrar la puerta, o terminaba dentro de la cocina de algún vecino, tras ingresar sorpresivamente por la ventana, rompiendo un vidrio, y yendo a caer sobre la mesa de las mujeres que tomaban mate. Imagínense ustedes el escándalo de estas inocentes señoras. Tantos pero tantos recuerdos que es imposible resumirlos a todos en este breve escrito. Por eso es que escribí el libro “La infancia de los alemanes del Volga”, para perpetuar la memoria de nuestra niñez.
Autor: Julio César Melchior.
domingo, 15 de noviembre de 2020
Neri Seeling - Como a mi me gusta... '2019'
Album: Como a mi me gusta...
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 46.8 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2019.
Sonido: Excelente.
02- Eco de acordeones
03- Villa contitucion
04- El Liston
05- Un lindo vals a mi madre
06- Fiesta Aldeana
07- Don Manuel
08- Portate bien Chermano
09- Desde que tu me amas
10- Chamamesito del pago
11- Alla en el paso cadena
12- A mi amigo
13- Lindos recuerdos
14- A la Paisanada de Octava
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domingo, 8 de noviembre de 2020
Amanecer en la colonia de antaño
Los pájaros trinan en el amanecer, surcando el cielo de la colonia rubia. Se escucha el pregón del lechero, carnicero, panadero… Las voces de las amas de casa que salen a la vereda a realizar su compra diaria. La algarabía de los niños conversando en alemán. Los ruidos melodiosos que salen de la herrería, carpintería… El silencioso parlotear de la tijera del sastre y el habla cansino del martillo del zapatero.
El sacristán echa a volar las campanas de la torre de la iglesia llamando a misa. El sacerdote se apresta en la sacristía. Los monaguillos preparan sus enseres. Las velas del altar arden. Doña Agüeda reza el rosario sentada en el primer banco, junto a Doña Ana, ataviadas de negro, las cabezas cubiertas con un pañuelo del mismo color, y las miradas fijas en Jesucristo.
En el campo, los hombres labran la tierra bajo un cielo estrellado de gaviotas. Abren surcos en la tierra virgen para sembrar trigo. El trigo que florecerá en espigas de harina, pan y hostias.
Y en la inmensidad, los ojos de Dios velando a su pueblo: inmigrantes peregrinos que llegaron de allende el Volga para hacer fructificar el suelo argentino.
Autor: Julio César Melchior
domingo, 1 de noviembre de 2020
Damian Stecklein - Ecos del Bodensee '2008'
Album: Ecos del Bodensee
Bitrate: 80.
Tamaño del archivo: 21.8 Mb.
Caratulas: Frontal y Trasera
Año: 2008.
Sonido: Excelente.
01- Tres ratas, tres gatos
02- Viejita llevame a casa
03- Rosamunde
04- Bella morena
05- Camino a Lindenau
06- Gallo sapucay
07- Rey Ascona - Levantando polvareda
08- Tortas fritas
09- Siempre alegre – No es lindo casarse
10- Casita de la montaña
11- Zillertaller Hochzeitmarsch
12- Km. 11
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez por compartir las tapas de este material
domingo, 25 de octubre de 2020
Historia de vida de doña Aurelia, una abuela alemana del Volga
"Tenía nueve años cuando tuve que dejar la escuela para ayudar a mi madre a cocinar, lavar la ropa y regar la quinta" -recuerda doña Aurelia. "No se consideraba necesario que las niñas concurrieran a la escuela. Una mujer debía saber cocinar, lavar, tejer, bordar y ayudar a su marido para ser una buena candidata para el matrimonio y una excelente madre para los futuros hijos de su esposo" -revela.
"Así que a los nueve años me quedé en casa a ayudar a mi mamá en todas las tareas domésticas. Éramos trece hermanos, cinco mujeres y ocho varones. Mi hermana mayor, ni siquiera asistió a primer grado inferior. No aprendió a leer ni a escribir ni a sumar. Sin embargo, fue una buena madre. Tuvo diez hijos luego de ayudar a criar a la mayoría de sus hermanos".
"Vivíamos en el campo. Mi papá hacía de todo: arar, sembrar, cosechar, de todo! Y mi madre también. Porque lo ayudaba en todo. Igual que todos mis hermanos y hermanas. Porque teníamos una quinta grande, árboles frutales, cerdos para la carneada, que había que alimentar, vacas lecheras, que había que ordeñar de madrugada, hiciera calor o frío, también teníamos gallinero, con gallinas, patos, pavos, gansos, de todo. Un puñado de ovejas. Conejos y un palomar, todo para consumo. La familia se abastecía de casi todo. Se compraba lo mínimo. Se iba al pueblo una vez cada seis meses, para las fiestas de Pascua y las de Kerb. El resto del año se trabajaba" -afirma doña Aurelia.
"Yo me casé a los dieciséis años y tuve cinco hijos. Cuando me casé nos mudamos a otro campo a trabajar de matrimonio. Yo de cocinera para los patrones y mi marido tenía que hacer de todo. Allí estuvimos veinte años. Fueron años difíciles. Había que aguantar porque queríamos construir nuestra casita. Y lo logramos. De a poquito fuimos levantando la cocina y un dormitorio. Después, le sumamos el baño, para dejar de usar la letrina. Y así fuimos consiguiendo todo: con mucho esfuerzo y sacrificio" -sostiene.
"Después trabajamos en otros lados, también haciendo de todo. Hasta que nos jubilamos y nos mudamos al pueblo. Mis hijos se fueron casando. Mi marido murió hace diez años. Y la vida sigue. Siempre continúa" -concluye doña Aurelia.
(Investigación y reconstrucción histórica: Julio César Melchior)
domingo, 18 de octubre de 2020
Los Nuevos Waigandt - En Vivo Fiesta Nacional de la Avicultura '2016'
Tamaño del archivo: 73.8 Mb.
Caratulas: Frontal
Año: 2016.
Sonido: Excelente.
Sombrero de 3 esquinas - El Carro Marron - Bailando el Pasito Tirules - Ich abe doch zwei paar schuhe - Polca Tradicional - Seleccion corridos (Rumbo al sur - Tu condena - Cariño necio - La Chevecha - Polca Tradicional) - Tengo una negrita caprichosa - Tengo una vecinita - Ombliguito - Punta cayasta - Polca Suiza - Recorriendo los caminos
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domingo, 11 de octubre de 2020
El rumor como control social en las comunidades de alemanes del Volga
Los habitantes de la localidad eran descendientes de inmigrantes alemanes, que llegaron al país con una cohesión social firme, basada en dogmas religiosos, que tenían su raíz en tradiciones y costumbres milenarias, cuyos rastros se perdían en la noche de la Edad Media. También una historia común de lucha, esfuerzo y superación. Un pasado de aldea en la mítica Europa y la noble Rusia zarista, de los siervos incultos y los rebeldes cosacos. Habían emigrado dos veces. Primero de Alemania, su tierra natal, la que jamás olvidaron. Y luego de Rusia. País que dejaron sin llevarse nada. Porque nada asimilaron. Ni siquiera el idioma.
Cuando llegaron a la indómita pampa Argentina, a finales del siglo XIX, lo primero que hicieron fue levantar una cruz. Dios estaba por delante de todo. Después recién pensaban en ellos. El cuerpo podía esperar; el alma no. Así surgieron majestuosas iglesias, con altares de mármol de carrara y cálices de oro en el centro de pequeñas localidades. Grandes escuelas parroquiales. Y sacerdotes y monjas inquisidoras que velaban por la moral, la ética y el buen comportamiento social. El cura predicaba aprovechándose del sacramento de la confesión para enterarse de lo que sucedía y de lo que no pasaba también. Mentirle al sacerdote significaba arder eternamente en el infierno por lo que a nadie se le hubiese ocurrido pensarlo siquiera. Como tampoco no ir a confesarse. Era una obligación moral y un dogma de fe sagrado el ir a contarle todo al santo hombre de la iglesia.
Y el hombre de negro, con su sotana al viento, lo sabía todo. Era el comisario, el juez, el intendente. En una palabra, era Dios. Dios y todos los apóstoles juntos. Porque no había tema, no había asunto, ni público, ni privado, dónde su autoridad fuera apelable o siquiera pasible de opinión. Era la voz de Dios en la tierra. Y la conciencia de todos los hombres y mujeres, niños y niñas incluidos. Porque todo el mundo se confesaba.
Cuando en el secreto inviolable de su confesionario, el cura se enteraba que alguna mujer había dado el mal paso, él la condenaba a rezar treinta rosarios, veinte avemarías, dieciocho padrenuestros y una semana de ayuno, sin carne ni pan. Y si esto no alcanzaba para mitigar los deseos insanos de la oveja descarriada, ponía en marcha una argucia que nunca le fallaba. Echaba a correr el rumor: “María engaña a su marido, se acuesta con Juan”. Porque sabía que las quince viejas que se pasaban el día en la iglesia rezando para que no llegara el fin de la creación, enseguida iban a poner en marcha el andamiaje del control social y moral. A partir de saber la novedad, no solamente se la pasarían una a otra, sino que la desparramarían por todo el pueblo, y después se las ingeniarían para espiar a María y a Juan, haciéndoles notar que algo sabían y que con su proceder innoble estaban mancillando el buen nombre de la localidad. Y la pobre María terminaría por encerrar en cuatro paredes, y ocho llaves de castidad, sus deseos e impulsos sexuales, al igual que Juan, so pena ser desterrados a vivir apartados de aquellos santos varones y señoras de alcurnia, que tenían la frente limpia y el nombre sin mácula.
Pero hete aquí, que un día sucedió algo inaudito. El sacerdote se enteró en el confesionario que estaba corriendo por la vecindad un rumor que lo afectaba a él y a su buen nombre. Se decía que el cura se acostaba con la viuda Elisa. Por eso iba todas las semanas a visitarla y a llevarle la comunión. Y que era mentira que ella no podía salir de su casa porque estaba deprimida por la muerte de su marido.
Indignado, en la primera misa que ofició, el cura se encaramó en el púlpito, y en su sermón fustigó a su rebaño por hablar mal de ese pobre apóstol de la iglesia, que era él, ese hombre que renunció a las riquezas y bienes materiales para servirlos a ellos con humildad y entrega absoluta. Justamente a ellos, persistentes pecadores. ¿Y así le pagaban? ¿De esa manera tan atroz? ¿Tan diabólica? –preguntó a los gritos.
Sin embargo, transcurrido un mes, el cura hizo su valija. El obispo le notificó en una carta que, dado los rumores, era mejor que se marchara del pueblo. Su credibilidad había caído hasta abismos inverosímiles y esto le causaba mucho daño a la imagen de la Santa Madre Iglesia. Por supuesto que el obispo, otro santo varón, no lo iba a abandonar porque unos innobles pecadores mancillaran su buen nombre. Ya lo había designado a otra parroquia.
Antes de marcharse definitivamente del lugar, el cura pasó por casa de la viuda Elisa, a confesarla por última vez.
Autor: Julio César Melchior
domingo, 4 de octubre de 2020
Blumenau Orchester - Oben und unter '1994'
Bitrate: 128.
Tamaño del archivo: 24.8 Mb.
Caratulas: Frontal
Año: 1994.
Sonido: Excelente.
02- Oben und unter
03- Beim kronenwirt
04- Polka de Kanzas
05- Cuando estuve en Viena
06- Saludos a Kiel
07- Mi padre fue un peregrino
08- Vals tradicional
09- Juanita
10- Un tirolés sin problemas
11- Marrón y negra son las avellanas
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Agradecimiento Especial a Ruben Abel Eichhorn de General Ramirez por compartir esta material
domingo, 27 de septiembre de 2020
Tambera. Quintera. Trabajadora rural. Huérfana de padre. Sin adolescencia. Historia de vida de una abuela alemana del Volga
“Mi papá murió cuando tenía trece años. Mi hermano mayor dieciséis y mi madre treinta y ocho. Éramos ocho hermanos y una mujer ordeñando en el tambo, a partir de las cuatro de la mañana, con las piernas metidas en el barro y bosta hasta las rodillas, con lluvia, con mucho frío. En invierno se nos congelaban las manos. Las vacas tenían el lomo blanco por las heladas. Pero la leche debía estar en los tarros para cuando pasara el carro que los buscaba para llevarlos a la fábrica de quesos, a las ocho y media.
“Mis hermanos menores lloraban. Estábamos a la intemperie. Nada importaba. No había queja posible: había que trabajar para sobrevivir. Teníamos una quinta de verduras enorme, que había que regar todos los días con baldes de veinte litros de agua, hacíamos conservas y dulces para todo el año. Carneábamos dos veces al año y hacíamos chorizos, jamones, de todo. Mamía cosía ropa para fuera. Horneábamos el pan en el horno de barro. Teníamos unas pocas ovejas para consumo. Un gallinero, que era un galponcito con aves y animales domésticos de todo tipo. Mamá vendía huevos, gallinas, pavos, gansos; lechones; leche, manteca, crema, ricota…
“Vivíamos cerca de la colonia, en un campo de ochenta hectáreas que nos dejó papá. En las que también se sembraba un poco de pastura y trigo.
“Mamá nunca se volvió a casar. Murió a los noventa y dos años, en la chacra donde enviudó y vivió toda su vida. Y de la cual partí para buscar trabajo en otras ciudades, hasta recalar en la Capital Federal. Donde vivo. Sola. Jamás me casé.
“Hice de todo para sobrevivir, igual que mi madre. Pero mi historia de grande no es tan importante. Lo importante es recordar la niñez y la vida que llevamos en aquellos lejanos tiempos. Tiempos de sacrificios; pero también de mucha felicidad. Porque éramos felices de estar en familia, todos juntos. Había unión. No importaba la pobreza. Lo más importante era la familia y la fe en Dios. Por eso todos salimos buenas personas”.
Autor: Julio César Melchior
domingo, 20 de septiembre de 2020
Juan Weisheim - Se llama María Cristina '1995'
Bitrate: 80.
Tamaño del archivo: 13.2 Mb.
Caratulas: Frontal
Año: 1995
Sonido: Bueno
01- Selección de polcas.
02- En Munich hay una cervecería.
03- Miren como baila mi compadre.
04- Vagabundo de la montaña.
05- Único hijo.
06- Mari Cathriñe.
07- Bailando con la nuera de mi madre.
08- No me toquen mi vecina.
09- Ruts Tuts.
10- María llora en el jardín
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